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    Desde el azul del mundo Por: Andrés París Muñoz 9,62

    Poemario galardonado con el II Premio Internacional de Poesía Joven “José Antonio Santano”.

    El cientificismo de la poesía de Andrés París parte de la búsqueda de un conocimiento profundo y amplio de la realidad, que no es aséptica, sino fecunda y florida.

    Marina Casado

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    Entre luces y sombras Por: Tamar 13,46

    Todos los personajes y sus historias son receptores, beneficiarios y víctimas a la vez de sus vidas. De sus decisiones e indecisiones, sus temores, sus valentías, sus desengaños y sus amores, sin olvidar sus edades o enfermedades. Estos relatos se desarrollan, algunos desde el realismo mágico y satírico, con una reflexión social. Otros desde la prosa poética. Verdades, mentiras, y confusiones que el lector irá desgranando poco a poco, arropados por la ternura y las tribulaciones de los personajes, sus luces y sus sombras en el juego de la vida.

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    Recuerdos de aquel paisaje Por: Laura Bustos Sánchez 11,54

    Este libro refleja los recuerdos de la niñez. Aquellos días de verano pasados en medio de la naturaleza, en un cortijo con pocas comodidades, donde te ibas a la cama después de contemplar la luna y las estrellas y te despertabas con el sonido de los pájaros. A pesar de los años transcurridos esos pensamientos siguen grabados en tu mente. Ese vínculo mágico que se creó con la naturaleza en una época de carestías en la que creías que no tenías nada, sin darnos cuenta de que poseíamos algo muy valioso que nos definía como personas y que nos daría fuerzas para enfrentarnos a las dificultades de la vida: nuestros antepasados que son nuestras raíces y nos acompañan siempre en nuestro ca[1]minar. Esos sentimientos me han llevado a escribir este libro, sin demasiadas pretensiones, y espero que muchos personas se vean reflejadas en esta pequeña historia.

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    Hernando de Zafra, secretario de los … Por: Carmen Trillo San Jóse, Manuel Espinar M., 19,23

    Este libro trata de un momento vibrante de nuestra historia, como es el que transcurrió entre el final del reino nazarí y la incorporación de Granada a la corona de Castilla, a través de un personaje imprescindible de dicho período: Hernando de Zafra, secretario de los Reyes Católicos. Nos aproximamos al patrimonio que él y sus herederos hicieron en la alquería de Cubillas (Granada) a partir de la compra de propiedades de antiguos musulmanes. Esta información viene a través de una colección de documentos árabes romanceados, que es excepcional por escasa y por el volumen en que se presenta. Este trabajo recoge el estudio, edición e índices de esta rica documentación que consta de 82 escrituras, de las cuales 40 datan de 1413 a 1493 y fueron traducidas del árabe por los romanceadores Miçer Ambrosio Xarafí y su hijo Bernaldino, además del licenciado morisco Alonso del Castillo.

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    El tiempo resucitado Por: Jesús Cabezas Jiménez 28,85

    El tiempo resucitado es un libro de memorias heterodoxo. […] [Su autor] se muestra, implícitamente, partidario de transgredir las barreras que marcan los géneros literarios, planteamiento que nos recuerda a los autores de la autoficción como Javier Cercas, Antonio Orejudo o Marta Sanz. ¿Podría haber hecho Jesús Cabezas algo parecido a los Ensayos de Montaigne? Indudablemente, pues tiene una sólida formación humanística. Pero a diferencia del filósofo francés, no desea únicamente mostrar sus reflexiones. […] Hay además [en este título] una intención no disimulada. Jesús Cabezas asume la misión de notario que desea dejar constancia de su tiempo, de lo que él —y su generación— ha vivido. […] El escritor, más que al paso del tiempo (que parece asumir estoicamente), teme a la pérdida de la memoria colectiva, sus costumbres, las personas, los lugares… Esa preocupación, que le llevó a escribir Sólo nos queda el recuerdo o Luciérnagas en el olvido, no ha desaparecido. Su trabajo sistemático, disciplinado, organizado lo convierte en el testigo idóneo para asumir esa misión en El tiempo resucitado. […] ¿Podemos deducir que [con este libro autobiográfico] estamos ante el testamento literario de Jesús Cabezas? No lo creo. Dudo mucho que un grafómano muy próximo a Josep Pla, a Rafael Sánchez Ferlosio o a Pío Baroja —también médico, como Jesús— haya tomado la decisión de poner punto final a su trayectoria, aunque lo aparente por tratarse de unas —casi— memorias. Ya hemos comprobado que no nos enfrentamos a una obra literaria formada por libros inconexos. No se trata de productos, como en Stanley Kubrick, que distan mucho entre sí —¿se parecen en algo Atraco perfecto, Lolita y Barry Lyndon?— sino de una obra coherente con una marca reconocible. Como sucede con muchos artistas —Gustav Mahler o Dmitri Shostakovich, por ejemplo— en las primeras obras de Jesús Cabezas hay elementos que persisten en las posteriores. El autor de Camino de las Cañas es el mismo que el de El tiempo resucitado. Jesús es —será— siempre el mismo y siempre diferente.

    José Antonio Pulido Castillo

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    Meditaciones fuera de lugar Por: Francisco Castaño 9,62

    PRELUDIO

    No hay ningún mérito en llegar a viejo, / Ni tampoco demérito, si bien / Hay que ganarse un rostro en el espejo / En el que pueda verse quién es quién.

    Debo reconocer que no me quejo / De lo que mis cansados ojos ven. / Más elocuente cuanto más me alejo, / Inmune al crédito como al desdén.

    Tengo mi vanidad escarmentada. / Hace ya tiempo que no espero nada / Ni de mis semejantes, ni de mí.

    Es algo más que la misantropía. / Pero mis versos tienen todavía / Rima y razón para dar más de sí.

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    Como te iba diciendo Por: Manuel Vergara Carvajal 9,62

    La pequeña obra que tiene el lector en sus manos, Como te iba diciendo, es una invitación original al deleite y a la contemplación. A través de la apelación [ 12 ] a los sentidos, pretende introducirnos en un diálogo provechoso entre oriente y occidente, atendiendo a la narración y a la metáfora como las formas menos inadecuadas para contener el noble ejercicio del pensamiento. Las ocho postales que el autor usa como pretexto, en intimidad con un lector aún desconocido, recrean con imágenes el haikú japonés, hablan de mitos griegos o poetizan la narrativa evangélica.

    No sé si pretendido o no, la meditación de una parte del Discurso de Cristo muerto sobre la cima del mundo gritando que no hay Dios, del poeta Jean Paul Richter, extrema en el lector el vértigo, y la dignidad, de la decisión vital: o filiación u orfandad. Se trata de poner los ojos en «alguien» que debe estar arriba, ya que todo se decide en la (des)confianza depositada en un Rostro.

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    De la cal al plástico. Costumbrismo de un casco antiguo Por: Colin Bertholet 24,04

    Lugares de recuerdos infantiles con juegos de antaño, plazas, paseos y bóvedas, anécdotas e historias lejanas, familias, personas y personajes, oficios y trabajo duro, mucho trabajo duro… El casco antiguo de Salobreña está lleno de esos relatos que se cuentan en familia y que resuenan a lo lejos en sus ya vacías calles.

    Esta publicación es un homenaje a esas raíces, a esas personas que protagonizaron esas historias, a esos lugares que vieron crecer a muchos de los distintos autores de este libro… nunca más se perderán en el olvido de las callejuelas encaladas de “lo alto del pueblo”. Editada a color en tamaño 29 x 29 cm, e ilustrada con dibujos originales de Colín.

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    La memoria en llamas Por: José Antonio Sáez 15,38

    CITA A SOLAS

    Ante mí, ve el silencio. Ese espacio que abarca, / absorto, cuanto intuyes perdido en el abismo. / La ausencia me delata. Las pupilas vagando / en el vacío. Puedes despojarte de todo, /  ahora que eres nada y se cierra la noche / a los sentidos. Deja que escuche, si no suena.

    Vienes tras mí girando. Me envuelves en tu círculo / y damos vueltas breves en torno a la vorágine. / Más allá del sonido, la región de los hielos. / Aguzas el oído y nadie te responde: / al otro lado el sueño, la música del agua.

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    Condición de refugio Por: Jesús García Calderón 9,62

    LA SOSPECHA

    Me gusta recordar personas muertas / que quise o conocí. Oigo sus voces /  que suenan tan exactas que parecen /  presentes. No dialogo con ellas, ni decido /  lo que deben contar, yo solo escucho /  esas voces flotando /  para sentir su ser junto a mi vida /  igual que me acompaña ese paisaje. / Ahora noto que algunas /  quizá las más queridas ya se alejan. /  Casi me dejan solo /  porque apenas distingo lo que cuentan /  cuando les reclamo algún consejo. /  Y ahora encuentro con frecuencia el silencio. /  Como si recelaran del presente /  y temieran mancharse de esperanza.

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    Mis siete vidas Por: Alfredo Amestoy 24,04

    Enrique Tierno nos recordó que «los españoles no servimos para escribir memorias. Los franceses, sí. Lo que los españoles escribimos son recuerdos. Y estoy de acuerdo con Víctor Márquez Reviriego en que la memoria sirve para retrotraer el pasado y el recuerdo es el pasado filtrado por el tamiz del presente».

    Jardiel Poncela es el que me animó a escribir mi autobiografía. «Escribamos nuestras memorias, seguros del éxito pues toda autobiografía tiene por objeto hablar bien de uno mismo y hablar mal de los demás; y por lo primero le gusta al autor escribirla y por lo segundo le gusta al público leerlo. Ya lo dijo en el siglo XVII en su Genio de la Historia fray Jerónimo de San José. “Nos parece superfluo referir con mucha particularidad las cosas que nos rodean; pero a los que viven lejos o a los de los siglos futuros, lo que para nosotros es vulgar, será muy raro y mucho y grande lo que para nosotros es pequeño”».

    No sé si Hemingway estará de acuerdo: «Lo que importa es aguantar, ver, oír y aprender, y comprender, y escribir cuando se ha logrado saber algo. Y no antes, ni demasiado tiempo después»

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    Casa deshabitada Por: Juan Carlos Sánchez Fernández 8,65

    CASA DESHABITADA I

    Cuando empezó la reforma / y los obreros sacaron a la calle / las cosas viejas e innecesarias / que habías dejado dentro, / sentí vergüenza y pudor. / Allí estaban, simples desechos de obra, / el sofá de nuestras primeras caricias, / el espejo que las vio / y las cortinas que yo me encargaba de cerrar / cada noche, / esperando durante toda la noche / la llegada del camión de la basura.

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    El día en que Mónica Vitti se rompió en pedazos Por: G. S. Aliaga 9,62

    El día en que Mónica Vitti se rompió en pedazos

    Notte

    Nos reconocimos al instante. Eso me repetía una y otra vez mirando al techo. Nos reconocimos al instante, lo pensé entonces, alcanzado por el rayo. Y me lo repetía sin salir de una especie de asombro, parecía una sensación que embargó a otro hombre en otro tiempo, al protagonista constante de los melodramas que tanto detesto y que me dan a duras penas de comer.

    Nos reconocimos al instante. Tumbado en la oscuridad veía, igual que en una pantalla, mi vida como si fuera la de otro. Fatalmente (así se mira lo pasado con los ojos de hoy) me hablaban de ella. Fatalmente la veía por primera vez. Un blanco y negro pretencioso, guion pésimo, montaje torpe. Fatalmente nos reconocimos al instante. Y fatalmente también me daba cuenta, tumbado en la oscuridad, mirando en el techo una gran pantalla casi real, de que no nos reconocimos al instante. De que eso era algo que había pensado después. De que lo había proyectado a nuestro encuentro primero, buscando, quién sabe, algo así como una trascendencia. Nos besamos, dijimos cosas. Hicimos el amor. Y basta. Todo lo demás fue un trabajo posterior en la sala de montaje, manipulando recuerdos, cortando y pegando fotogramas de la memoria. El editor no puede hacer milagros con un material mediocre.

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    ¡Apártate descarriada! Por: Antonia Roberto Pérez 18,27

    La mujer suele soportar muchos pesares al subir las escaleras de su propia vida, obligada a transitar por terrenos empinados calzando incómodos tacones.

    En la década de los cuarenta, lamiéndose aún las heridas de la guerra fratricida, las mujeres estaban atenazadas por las convenciones, limitadas por el silencio impuesto, asustadas por las todavía presentes represalias contra sus familias y viviendo una dualidad vital que agrandaba las distancias entre sus actuaciones, sus decisiones y sus verdaderos sentimientos, que se quedaban encerrados en el sótano del alma.

    En ¡Apártate, descarriada! se narra la historia, entre otras, de una mujer obligada, por determinadas circunstancias derivadas de las actuaciones de los hombres, a ganarse la vida como prostituta en una de las casas de tolerancia legalizadas por el Régimen. Allí comienza una relación apasionada y sincera con un joven burgués y «respetable» de aquella España constreñida por la penuria, la escasez de alimentos, el aislamiento internacional, la omnipresencia de la Iglesia, la censura y la fuerza de las instituciones establecidas por la Dictadura.

    Ella luchará con todas sus fuerzas por derribar los muros y las injusticias de los que la condenaron y conseguirá convertirse en una mujer independiente y fuerte.

    Ellos pisarán las alfombras de flores mientras la nueva Teresa recorrerá su propio camino calzando sus propios tacones.

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    En Tánger, la literatura, una conversación… Por: José María Lizundia 11,54

    Este libro es una fiesta del lenguaje y de la evocación, con el revestimiento de un poder de fascinar que es poco común en las obras que hoy se presentan en el género del ensayo, que muchas veces son, en realidad, creaciones eruditas. El texto de este escrito de Lizundia no es una acumulación inerte de datos amparada en una batería inasimilable de citas a pie de página, sino pensamien­to, envuelto en un lirismo discreto, pero sabio, que acerca al lec­tor a una dimensión de Tánger a la que, literalmente, se rescata del misterio y se la hace revivir.

    Leyendo esta obra tengo, además, la evidencia de un manejo de los recursos lingüísticos que conduce a lo que Bergson había llamado «intuición»: aquella especie de simpatía intelectual por la cual nos transportamos al interior de un objeto para coincidir con lo que tiene de único e irreductible.

    Víctor Hernández Roncero

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