• img-book

    Hollywood. Los años dorados [1927-1967] Por: Blas Gil Extremera 57,69

    El texto es la atrevida y personal visión del autor sobre la época dorada del cine o Séptimo Arte, expresión acuñada en 1911 por el crítico Ricciotto Canudo (1879-1923), experiencia que siguió a la arquitectura, escultura, pintura, música, danza y literatura, actividad nueva que venía a compendiar las seis anteriores. De la escultura y arquitectura recibió el cine los espacios físicos, la pintura aporto el cromatismo y la luz; la música, la banda sonora; de la danza, derivo el movimiento escénico, la literatura regalo la historia, el argumento, el guion y los diálogos. Este alegato en pro del cine de siempre no es testimonio del profesional de la materia, del erudito, ni del titulado en disciplina cinematográfica alguna; es el sentir del que suscribe, un apasionado espectador testigo en su niñez, adolescencia y juventud de muchas obras maestras que permanecen atesoradas en el arcano de la memoria; relatos románticos: Venus era mujer, Laura, Candilejas; épicos: Ben Hur, Cleopatra, Espartaco; de suspense, misterio o intriga: Argel, Náufragos, El tercer hombre; westerns eternos: Raíces profundas, Solo ante el peligro, La diligencia, Horizontes de grandeza; y en fin, joyas como El hombre tranquilo, Julio César, La heredera y Lo que el viento se llevó. Películas cuyos creadores, en su modestia, jamás imaginaron que el tiempo convertiría en obras de referencia. No puedo soslayar mi admiración y recuerdo hacia guionistas, compositores y productores, menos conocidos por el gran público pero merecedores de figurar en esta crónica. El análisis y la relación de los largometrajes seleccionados pertenece a cuarenta años del cine de Hollywood, con exclusión de las películas serie B, desde la aparición del sonido en 1927 hasta 1967. El cine europeo queda para un futuro relato monográfico. El Hollywood ofrecido lo forman lato sensu, realizadores, interpretes, productores, estudios, especialistas, géneros, estilo y épocas; de tan vasto y variado mosaico el libro compendia cuatro décadas de la fábrica de sueños, nacida al noroeste de Los Ángeles.

  • img-book

    Los aviones de Sierra Nevada Por: Michel Lozares Sánchez 24,04

    Al gran alpinista George Mallory le preguntaron en cierta ocasión: ¿Por qué escalar las montañas? Su respuesta fue sencilla, “Porque están ahí”. Creo que ésta es la respuesta más acertada para contestar a la pregunta ¿Por qué los aviones se estrellan en las montañas?

    Cierto es que, en algunos casos, la imprudencia y la negligencia son las responsables de que un avión termine como un “puzzle” en la falda de una montaña. En otros casos, las causas se pueden achacar a fallos mecánicos, a una meteorología adversa o a un inadecuado plan de vuelo. Lógicamente, la montaña no tiene la culpa de estar donde está, esto lo explica la geología, pero inevitablemente las montañas están donde están e indiscutible es que los aviones terminan en ocasiones chocando contra ellas. El capitán Haddock, en Tintín en el Tíbet, comentaba: “No, por mí que supriman las montañas… así se impediría que regularmente los aviones se estrellaran contra tal o cual cima…”. Lógicamente, ésta nunca podrá ser la solución.

    En Sierra Nevada, Yabal Sulayr (Monte del Sol) como la denominaban los árabes, los restos de 11 aeronaves militares y civiles se encuentran entremezclados con las rocas metamórficas que forman esta cadena montañosa, que se precia de tener entre sus cimas el relieve más alto de la Península Ibérica, el Pico Mulhacén, con 3.478 metros. Avionetas deportivas y de entrenamiento, aviones de pasajeros y carga, helicópteros e incluso un bombardero “aterrizaron “por ultima vez aquí, a 3.000 metros de altura. En algunos casos fueron accidentes realmente trágicos, con una elevada pérdida de vidas humanas; en otros, éstos pueden tratarse, sencillamente, de un milagro.

  • img-book

    Enfermos ilustres Por: Blas Gil Extremera 34,62

    Los «enfermos» que alumbran estas páginas extienden su periplo desde el siglo I a.C., atravesando el Medioevo, el Renacimiento, la Época Moderna, y la Época Contemporánea hasta nuestros días. He incluido algunas de las patologías «clásicas» que vienen azotando al mundo desde épocas pretéritas como la diabetes a otras de reciente cuño, como los procesos cardiovasculares: demencia, cáncer, enfermedades digestivas, inflamatorias o degenerativas; y todo ello en el contexto de los hombres y mujeres que «llevaron» sus dolencias con alta dignidad sin detrimento de su arte y profesión: pintores, viajeros, actores, exploradores, científicos, actrices, compositores, cineastas, bardos, monarcas, etc., tratando en todo momento, de no olvidar el secular adagio de Aristóteles (384-322 a.C.): «para decir la verdad pocas palabras bastan».

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies