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    Le dépaysé Por: Rubén Casado Murcia 12,50

    Un libro ha de reflejar un estado de ánimo o, siendo más concretos, una multiplicidad de estados de ánimo. Tantos como se hayan sufrido durante su redacción. Intentar solidificar en palabras ideas inamovibles con la esperanza de sentar cátedra, es como querer detener el tiempo, como coger aire y aguantarlo. Un libro ha de respirar, mantener el flujo sanguíneo en marcha. Y también, por qué no, tener mala hostia, alegría desbordada, humor, descojonamiento, gritos de desesperación, melancolía, rabia, violencia… incluso compasión. Y no solo todo esto. Además ha de ser nuestra mala hostia, nuestra alegría desbordada, nuestro humor, nuestro descojonamiento, nuestro grito de desesperación, nuestra melancolía, nuestra rabia, nuestra violencia, nuestra compasión… con toda la fuerza que uno sea capaz de imprimirle a la palabra escrita.

    Un libro puede ser muchas cosas, pero solo lo que tú creas que ha de ser un libro debe ser lo realmente importante.

    Y si no es así, tampoco te preocupes demasiado; quizás lo peor que te pueda llegar a pasar es que acabes escribiendo un best-seller.
    Sin saber rastrear y con la mano sangrando, el teniente confederado llegará a un poblacho de jugadores que viven en vagones de tren desperdigados por el bosque. En él hay un médico enterrador, y un usurero italiano con banda de matones, y una mina abandonada y un cementerio maldito. Y un cura que tiene planes para la aldea y la capacidad de ponerlos en marcha, y que ayudará a Zedekiah Davis a recuperar el oro y restañar sus heridas.
    Y será cuando Davis vaya en busca del indio y el ídolo cuando comprenda que hay vínculos más fuertes que el amor y la sangre, y que ni la muerte puede romperlos.
    El ritmo y la riqueza narrativa de La Mano demuestran que se puede conseguir que el lector se lo pase en grande sin renunciar a la solidez de los clásicos.

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    Segundo libro de las loquinarias Por: Miguel Ávila Cabezas 9,62

    Así viven las loquinarias, al asalto, en clandestinidad, esperando el momento más inesperado. Las imagino avisando al autor en la ducha, apareciendo en el mostrador de la panadería, acompañando al afilador en la melodía de su flauta, señalándose en la barra de los bares, haciéndose notar en el parking, balbuciendo en una cena de cumpleaños con los amigos, entreveradas en las conversaciones familiares, secuestrando al autor de sus pensamientos y acciones más íntimas para llevarlo al bolígrafo y al papel y quedar cazadas, como mariposas en sus alfileres, para formar parte de la cadenciosa colección.

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    Utiliza magistralmente don Miguel Ávila la mordacidad irónica, que termina convirtiéndose en una……Sigue Leyendo

    Loquinarias Por: Miguel Ávila Cabezas 9,62

    Utiliza magistralmente don Miguel Ávila la mordacidad irónica, que termina convirtiéndose en una suerte hemenéutica para producir el «distanciamiento », en un doble sentido; en primer lugar, de sí mismo y evitar así tomar demasiado en serio lo que se profiere y, en segundo lugar, adquirir la distancia precisa que traslade la perspectiva justa para no desenfocar los asuntos de los que se trata. Es, pues, un texto tan transido de temporalidad que lo hace atemporal, puede decirse que pone de manifiesto la actualidad de lo inactual.

    Remedando a mi bien amado don Antonio: «Ya se oyen palabras viejas. Pues, aguzad las orejas.».

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    Del amor y otras mitologías recoge poemas escritos entre 1977 y 2000. Tal como se advierte en la «Nota a la edición», el libro se estructura en cuatro partes que responden


    Desaforado Por: Juan Varo Zafra 9,62

    Del amor y otras mitologías recoge poemas escritos entre 1977 y 2000. Tal como se advierte en la «Nota a la edición», el libro se estructura en cuatro partes que responden a la ordenación cronológica de algunos cuadernos ya publicados y de otros poemas inéditos o aparecidos en revistas. Vida y culturalismo son los ejes fundamentales en los que se inscribe la poesía de Antonio Garrido Moraga cuya evolución, en lo formal expresivo, va desde la tradición de la lírica clásica a la manera renacentista y barroca a la dicción directa, y a veces coloquial, de los últimos textos.

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