Relato corto (76)
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    El día en que Mónica Vitti se rompió en pedazos Por: G. S. Aliaga 9,62

    El día en que Mónica Vitti se rompió en pedazos

    Notte

    Nos reconocimos al instante. Eso me repetía una y otra vez mirando al techo. Nos reconocimos al instante, lo pensé entonces, alcanzado por el rayo. Y me lo repetía sin salir de una especie de asombro, parecía una sensación que embargó a otro hombre en otro tiempo, al protagonista constante de los melodramas que tanto detesto y que me dan a duras penas de comer.

    Nos reconocimos al instante. Tumbado en la oscuridad veía, igual que en una pantalla, mi vida como si fuera la de otro. Fatalmente (así se mira lo pasado con los ojos de hoy) me hablaban de ella. Fatalmente la veía por primera vez. Un blanco y negro pretencioso, guion pésimo, montaje torpe. Fatalmente nos reconocimos al instante. Y fatalmente también me daba cuenta, tumbado en la oscuridad, mirando en el techo una gran pantalla casi real, de que no nos reconocimos al instante. De que eso era algo que había pensado después. De que lo había proyectado a nuestro encuentro primero, buscando, quién sabe, algo así como una trascendencia. Nos besamos, dijimos cosas. Hicimos el amor. Y basta. Todo lo demás fue un trabajo posterior en la sala de montaje, manipulando recuerdos, cortando y pegando fotogramas de la memoria. El editor no puede hacer milagros con un material mediocre.

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    Querido corazón solitario Por: Begoña Garayoa Sarriés 12,50

    Estos relatos portentosos nos descubren la voz arrolladora de una escritora con un universo propio. Un hombre se queda encerrado en la habitación de una antigua mansión victoriana deshabitada, situada en lo alto de una colina. Una anciana muere en un incendio, después de haber llevado una existencia miserable. Dos amigos se pelean por una mujer.

    El terror, la pasión femenina, la soledad o la venganza, son algunos de los temas recurrentes del libro. La autora disecciona la psicología humana y su potencial para el bien y el mal con una fuerza estremecedora. La precisión de su prosa contrasta de forma brillante con la turbulenta vida interior de sus personajes. En esta colección de relatos intensos se aprecia la influencia de Edgar Allan Poe, James M. Cain, Patricia Highsmith y Mickey Spillane. En otra vertiente, recoge la herencia del realismo sucio de Raymond Carver.

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    Ventanas abiertas Por: Tina Franco, Miguel Ávila Cabezas, Ismail Istambul, 10,58

    Hay personas que transitan los caminos de la vida con ojos que miran más allá del tiempo y del espacio y nos transportan a otras realidades. En ellas, las palabras tienen un significado profundo que desencadena el quehacer literario. Entre estas personas están los autores de Ventanas abiertas. A partir de palabras, expresiones o frases cotidianas, Tina, Miguel e Ismail expresan lo que cada una les sugiere. Ironía, reflexiones y destellos poéticos conforman este conjunto. En los poemas de «Un corazón que late en el mar» Tina nos transmite la autenticidad de sus sentimientos desde un yo poético que parece presentir la cercanía de su viaje definitivo, sobre todo en «Este nítido vacío blanco», y nos abre las puertas del alma para regalarnos ese mar interior en el que «el tiempo es sólo agua y sal». La tercera parte está formada por los relatos de Tina. Utilizando el monólogo interior o la primera persona, la autora nos introduce en sus momentos reflexivos o emocionados, enmarcados por el mar, la lluvia y el sol abrasador, fruto de íntimas experiencias en la soledad desnuda de artificios. La obra se cierra con dos poemas dedicados a Tina.

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    Todos los años de un día Por: Ignacio de Saavedra 9,62

    Este libro contiene cinco relatos que suceden en épocas y espacios diferentes pero en los que confluyen los temas centrales de la narrativa del autor: el amor, el desengaño, la soledad, la vuelta del pasado, la memoria, los reencuentros, las oportunidades perdidas, el destino, la mentira, el paso del tiempo y los sucesos que nos cambian para siempre. Todo ello sobre un trasfondo de claroscuros que tiene la ciudad -sobre todo Madrid- como protagonista y testigo de las historias de sus personajes.

    En el cuento que da título al libro, Todos los años de un día, dos hombres que vivieron un amargo romance se reencuentran casi cincuenta años después en el aseo de un hotel; allí, en una España muy diferente a la de entonces, tendrán que enfrentarse a una herida todavía abierta.

    Por el resto de relatos circula Paulo Ferreira, un exiliado portugués que quiere regresar a su patria para saldar cuentas, pero cuyos planes se verán alterados por una mujer casada; las amarguras de Nasila, una refugiada siria, en su viaje hacia España; las mentiras de Antonio Gamboa, un joven sin vocación que se hace pasar por poeta para conquistar a Luciana; y la pérdida de la inocencia de un niño que espera cada noche la llegada de su padre a casa.

    Un libro con el que Ignacio de Saavedra ganó el XI Concurso de Prosa Narrativa Granajoven 2021 convocado por el Ayuntamiento de Granada en colaboración con la Academia de Buenas Letras de Granada.

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    Ojo de buey Por: Juan Andivia Gómez 9,62

    Un ojo de buey es una ventana ovalada o circular que comunica con un exterior, donde suceden cosas. A partir el siglo XVI está presente en la arquitectura y en barcos, aviones, edificios y naves espaciales. Desde esa posición interior, de quien contempla la vida con profundidad, resignación y estoicismo están escritos estos relatos, en los que se trata del amor, la enfermedad, lo vivido, lo añorado y lo perdido. En ellos aparecen situaciones cotidianas y extremas, realidades, ilusiones y locura. Es la existencia contada con la cercanía de sus protagonistas y la distancia de quienes creen que únicamente las observan.

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    Hemingway no coge el autobús Por: Jorge Moratal 9,62

    LA VIEJA MANSIÓN

    La vieja mansión sigue sin venderse a pesar de todos mis esfuerzos.

    Mantengo la temperatura baja para conservar la madera del suelo en buen estado, enciendo periódicamente la caldera para que no se oxide y, cuando vienen posibles compradores, abro las ventanas de par en par para que comprueben las fantásticas vistas que hay desde lo alto de la montaña. Aún así, la casa lleva quince años desocupada.

    Ocasionalmente recibo la visita de algún grupo de chicos jóvenes que entra en la mansión en mitad de la noche, entre risas y en un evidente estado de embriaguez, pero en el instante justo en el que les enciendo la luz para evitar que se tropiecen con los viejos muebles salen corriendo. Tal vez sea porque acabo de cumplir los doscientos sesenta años, pero, sinceramente, cada vez me cuesta más entender a la juventud de hoy en día.

    A veces, en mis horas más oscuras, me pregunto si debería resignarme a la soledad, vivir aislado como el resto de fantasmas. Pero a mí me gusta la compañía, no puedo evitarlo.

    ….

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    5 sobre 5
    Ubitopia Por: Mar Guejillo 12,50

    Hemos leído utopías y distopías, ¿nos llevan a alguna parte? Ubitopía, ¿dónde estará el lugar? En este libro de relatos la autora lanza a siete filósofos con sus pensamientos, vidas y anécdotas a un futuro incierto donde la chispa de la reflexión siempre está encendida porque, como dice uno de sus protagonistas: «La luz del universo que habita en nuestro espíritu es la que llamea con la razón superior, ella nunca nos defraudará. Nuestra causa no es ser esclavos del interés de la Civilización que camina hacia la nada sino aproximarnos al ser». Ojalá que al leer las palabras de Tales, Heráclito, Teano… descubras ese lugar escondido que susurraba por encontrarte. Y quizá, ¿por qué no?, te atrevas a repensar la actualidad de los filósofos con las actividades que encontrarás al final.

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    Un viento que viene de Emaús Por: Esteban de las Heras Balbás 10,58

    Emprendo este largo y extraño viaje para limpiar las telarañas del olvido, aunque presiento será tan estéril como la miel para los perros o como los suspiros de madrugadas en alcobas vacías. Las cosas que aquí cuento son de otra era y de otros aires. Doblemente viejas, por tanto. Son unos brochazos en el paisaje del alma que cambia con los días y solo se termina con la muerte. A veces, los pinceles siguen deslizándose por el lienzo de esas vidas acabadas, que se resisten a morir del todo. Y de eso va este libro. Quizá me repita a veces o puede que queden lagunas sin rellenar, pero lo que os voy a contar es casi todo cierto. De muchas de esas cosas la gente que vivió mientras ocurrían no llegó a enterarse. Incluso si alguien de vosotros lo cuenta por ahí, dirán que son fantasías o fábulas, pero no los creáis. Las personas que nieguen lo que aquí se cuenta son en realidad fantasmas que no han sabido vivir la vida que la Naturaleza les regaló, ni descubrir la belleza de la memoria. Son zombis en una sociedad que renunció a su intimidad y sus secretos cuando se metieron de bruces en las redes sociales y les entregaron su libertad.

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    Bajo el árbol de la memoria Por: Jacinto S. Martín 10,58

    El cuento es un género narrativo distinto de la novela larga o corta. Hay muchísimos cuentos más largos que novelas cortas, aunque los cuentos suelen ser de menor extensión que estas.

    «Entre el cuento y la novela no hay ninguna similitud más allá de que sean ficción en prosa. Ninguna. Sirven para cosas distintas, hacen cosas distintas». «Un cuento captura emociones o movimientos de nuestra sensibilidad tan pequeños que si los tratáramos de apresar con una novela se irían, se escurrirían». Esta es la opinión del escritor colombiano Juan Gabriel Vásquez (Bogotá, 1973) que regresa a los relatos cortos con Canciones para el incendio (Alfaguara, 2018), el género con el que dio un salto de calidad 17 años antes con Los amantes de Todos los Santos (Alfaguara).

    Para el autor, la escritura de ficción parte de la curiosidad por las historias ajenas: «Hay cierta voracidad por la vida oculta de los otros. Esa idea de que todo el mundo tiene secretos, tiene misterios… Y la ficción es la manera que hemos inventado para sacar esos misterios a la luz».

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    Los ojos deseados Por: José Antonio Sáez 9,62

    Los ojos deseados son aquellos sin los que no es posible vivir y que persigue el enamorado. Son los ojos de garza y los ojos de almendra, y son también los ojos que miran desde dentro hacia fuera. Son, por consiguiente, los ojos interiores con los que el mundo, la realidad y los demás se ven de otra manera, bajo una luz no usada. Ah, los ojos deseados son los que te conducen por esa íntima noche hasta ubicarte en una renacida aurora: los ojos de la sabiduría interior, esa que aporta lucidez al conocimiento y lo aproxima a la trascendencia, a lo sagrado, sin llegar a alcanzarlo. Los que andan en amor muy lastimados y a zaga de su huella, cuyas brasas se proyectan sobre la zarza ardiente del alma enamorada. Los que van de vuelo y se te escapan. Descálzate de tus sandalias y sal a su encuentro. Verás que pasan inadvertidos al gentío que vocifera.

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    4 sobre 5
    La taberna del enamorado Por: J. Máximo Arranz 14,42

    La Taberna del Enamorado es un espacio en el que conviven aguardiente y amor en perfecta armonía. Un lugar donde se recita poesía con un capote de torero en la mano. Un lugar donde los clientes confiesan sus pecados sentimentales sin que nadie se escandalice por ello.

    En La Taberna del Enamorado está la chica de tus sueños esperándote, harás el amor con el diablo y disfrutarás de tus amantes como nunca antes lo habías hecho…

    Su ambiente te va a seducir y sus narraciones no te dejarán indiferente.

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    Concierto triste para trío y coro Por: Miguel Arnas Coronado 10,58

    Silenciosa, lenta y sibilina, observa al gazapo que la mira embelesado, aturdido, con la inmovilidad de una raíz. Le bastará un rapidísimo abalanzarse y, tras forcejeo desesperado y estertor, tomarse todo el tiempo del mundo para engullirlo y hacer la digestión. Lenta, sibilinamente. El aire retiene el aliento.

    Es él quien lo ha impedido y en voz baja, como quien reza, pide perdón a la serpiente por haberle hurtado su desayuno o tal vez almuerzo, quién sabe. Saltó el gazapo y la culebra se retiró en sentido contrario con toda la rapidez de la que fue capaz. La ha visto escabullirse entre el matorral. Otro la perseguiría. Él se sienta y piensa. Lo ha impedido a conciencia: vio la escena antes de que ambos, presa y predador, lo vieran a él, demasiado concentrados en sus respectivos cometidos, y ha corrido hacia ellos dando palmadas. Le ha dado pena del diminuto conejo, quizá en su primera salida del agujero, despistado en afán juguetón. Sin embargo, él sabe que también debería haberse compadecido de la culebra y no actuar, quedarse quieto como todo el entorno, cielo, árboles, matojos, viento. O debería haber matado al reptil que hará gritar a las señoras paseantes por estas trochas, asustadas por algo que temen y desean a la vez: un espectáculo, el ondear de una serpiente e incluso a veces el enfrentarse siseando al humano cuando se asusta, un espectáculo que confían presenciar aunque les repugne, pues es algo que jamás verán en su cotidiano vivir de ciudad. Por eso, piensa, quizá convendría matarla y no matarla a la vez, que se comiera al conejo y no se lo comiera, que se quedara allí digiriendo bajo el sol y que al mismo tiempo huyese culebreando por entre los matojos. Dos mundos, pero ¿acaso la vida no consiste justo en eso, dos mundos?

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    Viaje a Canarias y el resto de la Península Por: José Vicente Pascual 10,58

    La última década quedará ya para siempre significada como una de las más complicadas de la historia contemporánea española, por razón de la tremenda crisis económica aflorada a mediados de 2006 y manifestada en toda su virulencia a partir de 2008. A dicha vicisitud, tan dura y difícil de sobrellevar por muchos de nuestros compatriotas, siguió, por pura y humana lógica, una crisis social e institucional que ha puesto en entredicho la solidez de nuestras bases convivenciales. Ni la economía ni la política son lo que eran —posiblemente nunca lo vuelvan a ser—, y la relación de los ciudadanos con el Estado tardará mucho tiempo en restablecerse sobre el tono de colaboración y confianza que, por lo común, imperaba antes de todo diera impresión de desmoronarse.

    Justo durante los años más duros de la crisis, el autor residió en distintos lugares de España, por motivos laborales: Granada, León, Barcelona, Sevilla, Carmona, La Coruña, Mallorca, nuevamente Barcelona y, como punto final, Tenerife. Este casi permanente estado de provisionalidad entre unas ciudades y otras, le brindó la oportunidad de conocer el pulso de los días en lugares muy distintos y en época tan compleja. Sobre tal experiencia fundamentalmente —aunque no exclusivamente—, con un acento que se pretende amable y esperanzado, versa el presente ensayo: cómo se vivió y sobrevivió a aquellos tiempos difíciles en enclaves muy apartados de la geografía española, incluidos los territorios insulares.

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    La nada y el mar Por: Iagoba Bermeosolo Mendía 11,54

    La nada y el mar es una historia de soledades, de pérdidas y naufragios, de heridas que no cicatrizan, del regocijo del reencuentro con el amor, la amistad, la lealtad y la necesidad del perdón para seguir caminando.

    Personificado en la figura de Paulet, que decide ir al encuentro de las que fueran sus íntimas y leales amigas a la ciudad universitaria en la que compartieron por igual el amor y el desamor, el fracaso y la victoria, la gloria de la pasión y la triste decadencia del inevitable desamor.

    La llegada a un reencuentro que servirá a nuestra protagonista para hacer un repaso sentimental, crítico y necesario a su propia vida, a las siempre complicadas relaciones de pareja, una implacable catarsis que supone la reflexión sobre la propia memoria…, porque jamás se va lo que queda abrazado al alama, porque las heridas del amor no son perecederas y se perpetúan en el corazón…, porque en definitiva las historias de amor siempre están vinculadas al dolor.

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    Fantásticos biografemas Por: José R. Valles Calatrava 9,62

    Los doce cuentos que conforman el presente volumen tienen como nexo común su centramiento temático en algún suceso destacable de la vida u obras de algún personaje famoso —en varias ocasiones literatos—, o bien, más raramente, de mi propia biografía. Puesto que son, para mí, ficciones poco realistas y hechos vitales singulares, he decidido unificarlos con el nombre de fantásticos biografemas, recordando a Barthes y jugando con el título, del mismo modo que con los hechos juegan, en el fondo, todos estos relatos cortos que aquí se agrupan bajo los rubros de Charlas, Cartas, Testimonios y Versícuentos.

     

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