Relato corto (69)
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    Un viento que viene de Emaús Por: Esteban de las Heras Balbás 10,58

    Emprendo este largo y extraño viaje para limpiar las telarañas del olvido, aunque presiento será tan estéril como la miel para los perros o como los suspiros de madrugadas en alcobas vacías. Las cosas que aquí cuento son de otra era y de otros aires. Doblemente viejas, por tanto. Son unos brochazos en el paisaje del alma que cambia con los días y solo se termina con la muerte. A veces, los pinceles siguen deslizándose por el lienzo de esas vidas acabadas, que se resisten a morir del todo. Y de eso va este libro. Quizá me repita a veces o puede que queden lagunas sin rellenar, pero lo que os voy a contar es casi todo cierto. De muchas de esas cosas la gente que vivió mientras ocurrían no llegó a enterarse. Incluso si alguien de vosotros lo cuenta por ahí, dirán que son fantasías o fábulas, pero no los creáis. Las personas que nieguen lo que aquí se cuenta son en realidad fantasmas que no han sabido vivir la vida que la Naturaleza les regaló, ni descubrir la belleza de la memoria. Son zombis en una sociedad que renunció a su intimidad y sus secretos cuando se metieron de bruces en las redes sociales y les entregaron su libertad.

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    Bajo el árbol de la memoria Por: Jacinto S. Martín 10,58

    El cuento es un género narrativo distinto de la novela larga o corta. Hay muchísimos cuentos más largos que novelas cortas, aunque los cuentos suelen ser de menor extensión que estas.

    «Entre el cuento y la novela no hay ninguna similitud más allá de que sean ficción en prosa. Ninguna. Sirven para cosas distintas, hacen cosas distintas». «Un cuento captura emociones o movimientos de nuestra sensibilidad tan pequeños que si los tratáramos de apresar con una novela se irían, se escurrirían». Esta es la opinión del escritor colombiano Juan Gabriel Vásquez (Bogotá, 1973) que regresa a los relatos cortos con Canciones para el incendio (Alfaguara, 2018), el género con el que dio un salto de calidad 17 años antes con Los amantes de Todos los Santos (Alfaguara).

    Para el autor, la escritura de ficción parte de la curiosidad por las historias ajenas: «Hay cierta voracidad por la vida oculta de los otros. Esa idea de que todo el mundo tiene secretos, tiene misterios… Y la ficción es la manera que hemos inventado para sacar esos misterios a la luz».

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    Los ojos deseados Por: José Antonio Sáez 9,62

    Los ojos deseados son aquellos sin los que no es posible vivir y que persigue el enamorado. Son los ojos de garza y los ojos de almendra, y son también los ojos que miran desde dentro hacia fuera. Son, por consiguiente, los ojos interiores con los que el mundo, la realidad y los demás se ven de otra manera, bajo una luz no usada. Ah, los ojos deseados son los que te conducen por esa íntima noche hasta ubicarte en una renacida aurora: los ojos de la sabiduría interior, esa que aporta lucidez al conocimiento y lo aproxima a la trascendencia, a lo sagrado, sin llegar a alcanzarlo. Los que andan en amor muy lastimados y a zaga de su huella, cuyas brasas se proyectan sobre la zarza ardiente del alma enamorada. Los que van de vuelo y se te escapan. Descálzate de tus sandalias y sal a su encuentro. Verás que pasan inadvertidos al gentío que vocifera.

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    4 sobre 5
    La taberna del enamorado Por: J. Máximo Arranz 14,42

    La Taberna del Enamorado es un espacio en el que conviven aguardiente y amor en perfecta armonía. Un lugar donde se recita poesía con un capote de torero en la mano. Un lugar donde los clientes confiesan sus pecados sentimentales sin que nadie se escandalice por ello.

    En La Taberna del Enamorado está la chica de tus sueños esperándote, harás el amor con el diablo y disfrutarás de tus amantes como nunca antes lo habías hecho…

    Su ambiente te va a seducir y sus narraciones no te dejarán indiferente.

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    Concierto triste para trío y coro Por: Miguel Arnas Coronado 10,58

    Silenciosa, lenta y sibilina, observa al gazapo que la mira embelesado, aturdido, con la inmovilidad de una raíz. Le bastará un rapidísimo abalanzarse y, tras forcejeo desesperado y estertor, tomarse todo el tiempo del mundo para engullirlo y hacer la digestión. Lenta, sibilinamente. El aire retiene el aliento.

    Es él quien lo ha impedido y en voz baja, como quien reza, pide perdón a la serpiente por haberle hurtado su desayuno o tal vez almuerzo, quién sabe. Saltó el gazapo y la culebra se retiró en sentido contrario con toda la rapidez de la que fue capaz. La ha visto escabullirse entre el matorral. Otro la perseguiría. Él se sienta y piensa. Lo ha impedido a conciencia: vio la escena antes de que ambos, presa y predador, lo vieran a él, demasiado concentrados en sus respectivos cometidos, y ha corrido hacia ellos dando palmadas. Le ha dado pena del diminuto conejo, quizá en su primera salida del agujero, despistado en afán juguetón. Sin embargo, él sabe que también debería haberse compadecido de la culebra y no actuar, quedarse quieto como todo el entorno, cielo, árboles, matojos, viento. O debería haber matado al reptil que hará gritar a las señoras paseantes por estas trochas, asustadas por algo que temen y desean a la vez: un espectáculo, el ondear de una serpiente e incluso a veces el enfrentarse siseando al humano cuando se asusta, un espectáculo que confían presenciar aunque les repugne, pues es algo que jamás verán en su cotidiano vivir de ciudad. Por eso, piensa, quizá convendría matarla y no matarla a la vez, que se comiera al conejo y no se lo comiera, que se quedara allí digiriendo bajo el sol y que al mismo tiempo huyese culebreando por entre los matojos. Dos mundos, pero ¿acaso la vida no consiste justo en eso, dos mundos?

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    Viaje a Canarias y el resto de la Península Por: José Vicente Pascual 10,58

    La última década quedará ya para siempre significada como una de las más complicadas de la historia contemporánea española, por razón de la tremenda crisis económica aflorada a mediados de 2006 y manifestada en toda su virulencia a partir de 2008. A dicha vicisitud, tan dura y difícil de sobrellevar por muchos de nuestros compatriotas, siguió, por pura y humana lógica, una crisis social e institucional que ha puesto en entredicho la solidez de nuestras bases convivenciales. Ni la economía ni la política son lo que eran —posiblemente nunca lo vuelvan a ser—, y la relación de los ciudadanos con el Estado tardará mucho tiempo en restablecerse sobre el tono de colaboración y confianza que, por lo común, imperaba antes de todo diera impresión de desmoronarse.

    Justo durante los años más duros de la crisis, el autor residió en distintos lugares de España, por motivos laborales: Granada, León, Barcelona, Sevilla, Carmona, La Coruña, Mallorca, nuevamente Barcelona y, como punto final, Tenerife. Este casi permanente estado de provisionalidad entre unas ciudades y otras, le brindó la oportunidad de conocer el pulso de los días en lugares muy distintos y en época tan compleja. Sobre tal experiencia fundamentalmente —aunque no exclusivamente—, con un acento que se pretende amable y esperanzado, versa el presente ensayo: cómo se vivió y sobrevivió a aquellos tiempos difíciles en enclaves muy apartados de la geografía española, incluidos los territorios insulares.

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    La nada y el mar Por: Iagoba Bermeosolo Mendía 11,54

    La nada y el mar es una historia de soledades, de pérdidas y naufragios, de heridas que no cicatrizan, del regocijo del reencuentro con el amor, la amistad, la lealtad y la necesidad del perdón para seguir caminando.

    Personificado en la figura de Paulet, que decide ir al encuentro de las que fueran sus íntimas y leales amigas a la ciudad universitaria en la que compartieron por igual el amor y el desamor, el fracaso y la victoria, la gloria de la pasión y la triste decadencia del inevitable desamor.

    La llegada a un reencuentro que servirá a nuestra protagonista para hacer un repaso sentimental, crítico y necesario a su propia vida, a las siempre complicadas relaciones de pareja, una implacable catarsis que supone la reflexión sobre la propia memoria…, porque jamás se va lo que queda abrazado al alama, porque las heridas del amor no son perecederas y se perpetúan en el corazón…, porque en definitiva las historias de amor siempre están vinculadas al dolor.

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    Fantásticos biografemas Por: José R. Valles Calatrava 9,62

    Los doce cuentos que conforman el presente volumen tienen como nexo común su centramiento temático en algún suceso destacable de la vida u obras de algún personaje famoso —en varias ocasiones literatos—, o bien, más raramente, de mi propia biografía. Puesto que son, para mí, ficciones poco realistas y hechos vitales singulares, he decidido unificarlos con el nombre de fantásticos biografemas, recordando a Barthes y jugando con el título, del mismo modo que con los hechos juegan, en el fondo, todos estos relatos cortos que aquí se agrupan bajo los rubros de Charlas, Cartas, Testimonios y Versícuentos.

     

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    5 sobre 5
    El horror es mío Por: Lola Clavero 14,42

    Este no es un libro de autoayuda, estoy tan confundida como tú. En este mundo disparatado no sé cuál es el sentido de la vida, del amor y de la muerte. Observo las historias que pasan a mi alrededor y son tan alucinantes que dan risa y pavor. Lo único que sé hacer es contarlas; esas historias demenciales en las que tanto tú como yo, siempre somos meros personajes.

    Solo quiero que te diviertan y te hagan pensar y que sepas que comparto contigo el mismo barro y la misma esperanza.

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    Nuevas mariposas negras Por: Fernando de Villena 10,58

    La pena, una pena infinita que no parecía ofrecer rendija alguna a la esperanza, embargaba el ánimo del padre Juan Francisco Domínguez aquella mañana briosa y fresca de 1767 en la que se embarcó hacia Europa. Fulgían ya a lo lejos las cúpulas y las torres de Cartagena, la tercera Cartago, la que se alzó en las Indias. Brillaba el océano de intenso azul y rampante en numerosas crestas, el amplio mar que ante la fuerte nao se abría como aquel antiguo ante la vara de Moisés. ¡Cuánta hermosura, Señor! Pero él de nada se gozaba, de nada podía aprovechar ahora con este desgarramiento, con este dolor brutal e incomprensible por la apresurada partida. Que todos los hermanos de la Compañía de Jesús han de abandonar este reino dispone una noche de ebriedad un monarca o acaso sus validos sino la cortesana que lo domina, y cientos, miles y miles de personas que sienten y sueñan y se esfuerzan por servir a Dios quedan a merced de la angustia. Arrojaron primero a los judíos —se dice, mirando hacia atrás con rabia—; después a los moriscos y ahora a nosotros. ¡Qué solas se van quedando estas Españas con lo peor de ellas mismas! ¡Qué llenas de ruinas y voces del pasado! ¡Qué muertas!

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    De sus ojos llueven noches Por: Adriano Ferrer López 8,65

    El jurado constituido por los académicos D. José Rienda Polo, D. Wenceslao Carlos Lozano, D. Eduardo Castro Maldonado, D. Ángel Olgoso y D. Virgilio Cara Valero, y actuando como secretario D. José Gutiérrez Rodríguez, acordó por unanimidad declarar esta obra ganadora del VIII Concurso de Prosa Narrativa Granajoven 2017 convocado por la Concejalía de Juventud del Ayuntamiento de Granada en colaboración con la Academia de Buenas Letras de Granada.

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    Púgil con bombín Por: Sergio C. Yáñez 13,46

    El púgil de la calle Boddle’s es invencible. Los padres de la clase alta madrileña sienten horror por sus hijos poseídos. Las luchas de poder por el trono de Libia giran en torno a un puñal de diecisiete piedras. Y mientras, la vida sigue en los salones de artistas del Londres decimonónico. Leñadores bávaros, críticos suicidas, presos en galeras de la Rusia zarista, seres heroicos y olvidados, prisioneros en melancólicas ferias malditas…

    Tras su magnífico debut con La mano, Sergio C. Yáñez vuelve a deslumbrarnos con una colección de relatos donde demuestra su enorme talento y versatilidad. Cuentos de factura clásica pero radicalmente modernos en su planteamiento; una colección de historias donde todos los géneros, desde el humor al terror gótico, tienen cabida.

    De Kipling a Italo Calvino, de Maturin a Wodehouse, de Wilde a Las mil y una noches; la portentosa, sobria y evocadora prosa de Sergio C. Yáñez bebe de todos los ríos de la gran literatura con un noble y simple objetivo: robarnos el tiempo, devolvernos el aroma de las grandes historias y trasladarnos a un mundo onírico y maravilloso donde las fantasías de los niños convergen con los terrores de los adultos.

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    Un recetario de muerte Por: Antonio Anasagasti 12,50

    En Un recetario de muerte, los fallecimientos son para Anasagasti una excusa para hablarnos de la vida y de los sentimientos más profundos de sus variados personajes. La venganza, el amor, el desamor, los celos, las relaciones familiares, las creencias religiosas, las supersticiones, la convivencia vecinal, la corrupción, la intolerancia, la lucha por el poder, son pretextos envueltos con asesinatos que nos describen una sociedad que se tambalea, donde las creencias son inestables y domina el escepticismo. El autor combina el misterio y las investigaciones criminales, unas veces con dosis de miedo que nos produce escalofríos y otras con sorna, guasa e ironía, cercana al humor negro, que nos hacen reír incluso en los momentos más trágicos. Mezcla lo normal y lo paranormal, como dos polos opuestos de la misma cuerda, unidos por las diferentes formas de morir. En definitiva, es un libro lleno de sorpresas, con las tramas más impensables, en una maravilla de concisión, equilibrio y ritmo narrativa que no deja a nadie indiferente, pues siempre hay una vuelta de tuerca más que el autor, que domina con maestría el género, nos ofrece.

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    Vademécum Por: Luis Ángel Gonzo 9,62

    Luis Ángel Gonzo nació en Necochea, provincia de Buenos Aires, en 1987. Estudió Letras en la Universidad de Buenos Aires y realizó una Maestría en Estudios Literarios Latinoamericanos en la Universidad Nacional de Tres de Febrero. Trabaja como docente de nivel primario, secundario y universitario y participa periódicamente en publicaciones sobre literatura y cine. Ha publicado el libro de poemas El hombre que viene (XXXVII Premio de Poesía Arcipreste de Hita, Editorial Pre-Textos) y cuentos en antologías por su participación en el Concurso Binacional ÁrBol de cuento 2014 (Argentina-Bolivia), en el Concurso literario Humberto Rivas 2013 (Universidad Nacional de General Sarmiento) y en el Concurso de relatos breves «Osvaldo Soriano» 2013 (Universidad Nacional de La Plata).

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    Morir a la carta Por: J. Máximo Arranz 13,46

    Hace tiempo escuché decir a alguien que Dios nos concedía los deseos para castigarnos. No estoy en situación de poder confirmar esta cuestión metafísica, mas, por si acaso, si he de pedir un deseo intentaría ser «preciso» al formular la petición. No hay que tomarse a la ligera las cuestiones de rango divino. Cada persona tiene su deseo particular, cada individuo esconde en su pecho una pretensión diferente; eso sí… todos compartimos la misma certeza: «Si se cumpliera lo que deseo sería más feliz». En muchos casos el tiempo demostrará justo lo contrario. Nada en este mundo es gratuito.

    ¡PASEN Y LEAN! La fortuna les está esperando. Originalidad e imaginación son los principales ingredientes de este suculento menú literario. Adelante, por favor.

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