Poesia (211)
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    Algo queda después de tanta pena. Habla un hombre. Soy yo: José García. Y algo es alguien que vive todavía, a favor de su nombre, cuando suena.


    A tus manos me entrego Por: José G. Ladrón de Guevara 11,54

    Algo queda después de tanta pena. Habla un hombre. Soy yo: José García. Y algo es alguien que vive todavía, a favor de su nombre, cuando suena.

    Cómo duele la vida. Pero es buena, si algo queda después de cada día. Algo: un libro, un golpe, una alegría, una mano, un verso u otra pena. Porque, os digo, mi vida es una guerra y aunque acabe rindiéndome a la tierra yo no voy a entregarme por completo.

    Algo queda, después de cada hombre. Algo, acaso, tan poco como un nombre enterrado a la sombra de un soneto.

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    No sé si porque he sido siempre un romántico sin remedio curativo posible o porque siento una especial debilidad por las personas que un día tuvieron que abandonar con todo


    Spelugges Por: José Luís García Herrera 7,69

    No sé si porque he sido siempre un romántico sin remedio curativo posible o porque siento una especial debilidad por las personas que un día tuvieron que abandonar con todo el dolor de su corazón y para siempre su patria chica —durante mi infancia perdí a muchos de mis amigos cuando sus padres se vieron en la imperiosa necesidad de emigrar a Madrid o Barcelona en busca de un futuro mejor—; o motivado, tal vez, porque mi padre tuvo que ausentarse la mayor parte del año durante toda su vida laboral —lo que en su época prácticamente correspondía a su vida entera— de su hogar y de su gente, cada vez que conozco de cerca la figura de un emigrante, instintivamente me uno a su causa y a su soledad. Emocionalmente me hago uno de ellos, siento su dolor como si fuera el mío propio. Con este sesgo afectivo me acerqué a la figura de José Luis García Herrera. Antes de conocerlo personalmente, ya lo había soñado en mi corazón. He de confesarlo abiertamente antes de seguir adelante, por una pura cuestión de honestidad personal. Más tarde, cuando leí sus versos y disfruté con ellos, supe además —en realidad, alcancé la certeza— que palpitaba dentro de sí un portentoso poeta.

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    Cuando en 1981, con la osadía de los veintiséis años, comencé a traducir Las flores del mal, no era del todo consciente del desafío a que me estaba sometiendo.


    Las flores del mal Por: Charles Baudelaire/Ignacio Caparrós 23,13

    Cuando en 1981, con la osadía de los veintiséis años, comencé a traducir Las flores del mal, no era del todo consciente del desafío a que me estaba sometiendo. Había leído el texto en francés con la veneración y el arrobo del joven que encuentra en esos versos la llama punzante del poeta rebelde ante el mundo y su propio acomodo, que advertía en la inmundicia urbana la grandeza de un misterio, que hacía de su crápula el insólito ejercicio de transformarla en palabra imperecedera, y que la construía en el sólido edificio de una obra concebida arquitectónicamente, más allá del sentimentalismo romántico, instaurando así meros cimientos de la modernidad poética.

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    La peculiar estructura de la poesía de Belén Juárez presenta un riesgo cierto y una indefensión probable: el riesgo de que el lector la identifique con la escritura automática,


    La noche de ayer Por: Belén Juárez 5,77

    La peculiar estructura de la poesía de Belén Juárez presenta un riesgo cierto y una indefensión probable: el riesgo de que el lector la identifique con la escritura automática, y en consecuencia cierre el libro que minutos antes, por curiosidad, lo ha abierto; y la indefensión: es bastante probable que sus claves precisen un periodo dilatado para su interpretación correcta, de lo que se desprende que ni aun los críticos podamos ofrecer, estemos en disposición de dar, un código plausible que ampare esta visión del mundo, esta (re) construcción de la realidad, privativas de su poesía.

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    ¿Por qué siempre me dices nada?
    La posesión del aire me prometes y me dejas de hinojos sobre el gélido barro. También preciso yo, errante como el humo, del fuego y de su atmósfera,


    Heredero del aire Por: Ignacio Caparrós 10,38

    ¿Por qué siempre me dices nada?

    La posesión del aire me prometes y me dejas de hinojos sobre el gélido barro. También preciso yo, errante como el humo, del fuego y de su atmósfera, la mano que lo avive y lo repose, lo deje palpitar en sus rescoldos.

    Siempre me dices nada si me abraso. y si entrego mi voz al confuso ruido, por qué la asfixia el ácido sigilo?

    ¡Cuánto cuesta construir un hombre! Me dices nada y encadenas mi libertad de nube a tu apatía, mi vigor a tus aires amputados y me das la certeza de que un hombre es su angustia, su agonía de estrella que en el cosmos no sabe que arder, si se arde, es para ser pavesa.

    ¡Aprenda yo del fuego su crepitar interno! Tal vez su ardor me diga cómo tallar el hielo del silencio que soy.

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    “Un viaje de cristales al interior de las ruinas”: Edades de la sonante espuma traza nuevamente la ruta del viaje reiterado ala conciencia del tiempo íntimo que es la poesía de Antonio Piedra.


    Edades de la sonante espuma Por: Antonio Piedra 7,50

    “Un viaje de cristales al interior de las ruinas”: Edades de la sonante espuma traza nuevamente la ruta del viaje reiterado ala conciencia del tiempo íntimo que es la poesía de Antonio Piedra. Las tres partes en que se divide el libro son otras tantas formas de representar este viaje. El primero, un emocionado y trágico diálogo con la propia voz en antiguos poemas (nueve, precisamente) que el azar pone ante los ojos de quien los escribió, treinta y tantos años más tarde. En el centro, las reflexiones sensitivas de unos recorridos por la Habana, oscuros de soledad y soleados de homenajes particulares. Finalmente, la reflexión sobre el mar definitivo a la que sirven de leve filtro distanciador las citas de Luis de Góngora y de Yehuda Ha-Levy. Es, pues, la literatura, la propia y la ajena (frondosa cita de nombres: Pessoa, Atencia, Góngora, Pino, Carilda, Juan Ramón, crespo, Ha-Levy), la que aporta un marco, sólo ligeramente distanciador, que centra la permanente intensidad con que se contempla lo vivido en el núcleo mismo del libro, esa Habana (la del eros y el ágape tanto como la de lo íntimo y lo social) representada y evocada, en algunos poemas, desde una Castilla tan diferente, aunque no menos viva y desbordante de sensorialidad y sentimiento.

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    Del amor y otras mitologías recoge poemas escritos entre 1977 y 2000. Tal como se advierte en la «Nota a la edición», el libro se estructura en cuatro partes


    Del amor y otras mitologías Por: Antonio Garrido Moraga 8,65

    Del amor y otras mitologías recoge poemas escritos entre 1977 y 2000. Tal como se advierte en la «Nota a la edición», el libro se estructura en cuatro partes que responden a la ordenación cronológica de algunos cuadernos ya publicados y de otros poemas inéditos o aparecidos en revistas. Vida y culturalismo son los ejes fundamentales en los que se inscribe la poesía de Antonio Garrido Moraga cuya evolución, en lo formal expresivo, va desde la tradición de la lírica clásica a la manera renacentista y barroca a la dicción directa, y a veces coloquial, de los últimos textos.

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    RETRATO
    Poeta soñador y algo trasnochado
    iluso, tozudo y algo enamorado


    De lo interior y de lo exterior Por: José Pedro Artal 8,65

    RETRATO

    Poeta soñador y algo trasnochado

    iluso, tozudo y algo enamorado

    luchador, emprendedor y algo cansado

    éste soy yo y algo más que me he

    callado.

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    El adolescente escucha conmovido a su sexagenario antecesor. El glorioso jubilado se interrumpe, mira a su alrededor abarcando los ficus gigantes,


    Abalorios Por: José Luís Vidal Carreras 7,50

    El adolescente escucha conmovido a su sexagenario antecesor. El glorioso jubilado se interrumpe, mira a su alrededor abarcando los ficus gigantes, el cielo colosal de la tarde granada, el tráfago de hombres y mujeres que se cruzan…, y exclama: “ ¿ y todo esto…?”

    La pregunta trunca, su mueca de estupor, sus hombros alzados, en suspenso unos instantes, fascinan… Entonces, del tótem escéptico, surge una sonrisa acariciadora para el nieto, que aguarda, en vano, la respuesta.

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    La característica más asombrosa de los epigramas y poemas mínimos de Dickinson es su habilidad para crear una imagen de inmensidad, de grandeza,


    Poemario mínimo Por: Emily Dickinson 7,50

    La característica más asombrosa de los epigramas y poemas mínimos de Dickinson es su habilidad para crear una imagen de inmensidad, de grandeza, mediante el uso de una veintena de vocablos. Su “Poemario Mínimo” no es a veces más que una relación de pequeños e irrelevantes caprichos, pero en otras ocasiones se nos presenta con versos llenos de imaginación y honda emotividad Son esas composiciones líricas las que he denominado ”poemas mínimos”: epigramas, pensamientos íntimos susceptibles de ser diseccionados para observar lo que los habita. Ha sido esta mi intención al traducirlos a la lengua española.

    903
    I hide myself within my flower,
    That fading from your Vase,
    You, unsuspecting, feel for me –
    Almost a loneliness.

    903
    Dentro de mi flor me escondo
    Para que, al desaparecer de tu Jarrón,
    Tú – sin saberlo –sientas por mí –
    Una soledad parecida.

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    La elegía es, sin duda, uno de los tipos discursivos más antiguos, tanto como lo es el dolor del ser humano ante la muerte: la Epistula ad pisones de Horacio expresa ya la vinculación de la misma,


    La piedra escrita Por: José Antonio Santano 5,77

    La elegía es, sin duda, uno de los tipos discursivos más antiguos, tanto como lo es el dolor del ser humano ante la muerte: la Epistula ad pisones de Horacio expresa ya la vinculación de la misma, clásicamente construida mediante la combinación de un hexámetro y un pentámetro, con el llanto de las ceremonias fúnebres. Pero la elegía es, además de este modelo poemático básico marcado por el canto de duelo del hablante lírico ante la muerte individual de un contemporáneo próximo, una categoría estética en general (literaria y musical, principalmente) y todo un genero poético de índole temática que se caracteriza por el lamento subjetivo quejumbroso y dulce, el tono melancólico, la efusión sentimental en primera persona y, con frecuencia, la mirada hacia el pasado; Dante la consideraba así la escritura del desdichado en su De vulgari eloquentia (“per elegian stilum intelligimus miserorum”).

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    Tenía a mano —muy cerca— un libro que curioseaba a ratos, cuando leí por primera vez el poemario El eco de las veredas. Y ocurrió que, en ese momento,


    El eco de las veredas Por: Nicolás Jiménez Baena 7,50

    Tenía a mano —muy cerca— un libro que curioseaba a ratos, cuando leí por primera vez el poemario El eco de las veredas. Y ocurrió que, en ese momento, un libro me llevaba a otro casi como un acto reflejo. Algunas de las declaraciones del ya anciano Goethe al joven Johann Eckermann (Conversaciones con Eckermann, Goethe, Obras Completas, Aguilar, 1987), me movían a comprobar una coincidencia: las afirmaciones y consejos sobre creación literaria de Goethe —escritor prerromántico—, a casi dos siglos de distancia, por encima de nuevas estéticas habidas desde entonces hasta ahora, las encontraba en un libro de poemas actual; lo que me hizo recordar la evidencia de que todavía permanece entre nosotros un romanticismo subterráneo: el hecho poético se instaló hace tiempo en el centro de la subjetividad del poeta y ahí permanece.

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    Kitty Curtiz, in Ungarn geboren, aber in Amerika beheimatet und seit einiger Zeit in Europa lebende Kosmopolitin, hat Spanien des öfteren und über längere Zeit bereist.


    Blut und Liebe Por: Kitty Curtiz 7,50

    Kitty Curtiz, in Ungarn geboren, aber in Amerika beheimatet und seit einiger Zeit in Europa lebende Kosmopolitin, hat Spanien des öfteren und über längere Zeit bereist. Da sie Spanisch spricht, war es ihr möglich, in die Seele des ‘anderen Spanien’ einzutauchen und die helle Schönheit dieses Landes, aber auch seine dunklen Seiten kennen zu lernen. Ihre Eindrücke breitet sie vor dem Leser aus wie einen bunt gewebten Teppich. Die hier vorgestellten Gedichte sind Momentaufnahmen einer besonderen Art. Kitty Curtiz malt mit Worten wie mit Farben und zeichnet mit sparsamen Strichen Menschen und Landschaften, lässt Impressionen und Gefühle, manchmal auch erotische, in ihren Gedichten wieder auferstehen. Sie weiß, dass man fremde Länder mit der Seele suchen muss, damit die Wünsche, Vorstellungen und Erwartungen, die Reisende mit einem andersartigen Land verbinden, in Erfüllung gehen.

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    Ahora que el sol de la ausencia ha incendiado definitivamente el mar resquebradizo de mi cerebro y que ya no se muestra frente a mí otro horizonte que no sea el de la soledad y el desasosiego,


    Aguas salobres Por: Miguel Ávila Cabezas 7,50

    Ahora que el sol de la ausencia ha incendiado definitivamente el mar resquebradizo de mi cerebro y que ya no se muestra frente a mí otro horizonte que no sea el de la soledad y el desasosiego, ahora que es día martes y que el aire sabe a salobre desconcierto y a porvenir roto en el pozo fatal de los deseos, bajo la suerte implacable, ante el azar sin nombre, escribo estas palabras sobre el espejo de un agua insondable con la incierta ilusión de que alguien las lea y venga entonces a liberarme de esta pesadilla que nunca acaba, (¿Cuándo comenzó? ¿Quién vendrá a sanarme también de la ansiedad, de la lo cura, de esta miseria que cubre la mirada … ? No grito «de inmediato», pero sí «de seguro»). En este instante ni siquiera me queda el consuelo de los números pares: sé que hoy es día 23 (o 25). Pero… ¿y mañana? Es posible que mañana sea un día que nunca llegue a puerto alguno pues mañana es sólo un borbotón de espuma, el sueño de un espejismo anclado en el fondo…. de la nada.

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    Fin de siglo y cunde el miedo reitera esa idea, como Sísifo reanudaba su absurda tarea destinada a un seguro fracaso. El personaje lírico de Vallejo vuelve una y otra vez a las andadas,


    Fin de siglo y cunde el miedo Por: Alfonso Vallejo 6,97

    Fin de siglo y cunde el miedo reitera esa idea, como Sísifo reanudaba su absurda tarea destinada a un seguro fracaso. El personaje lírico de Vallejo vuelve una y otra vez a las andadas, convencido de que «Sólo queda lo cierto». De esa necesidad de anclarse en lo seguro surge la desesperada búsqueda del libro: «Y tú quieres saber algo cierto, algo que se detenga en sí de puro meridiano y luminoso. Algo definitivo y entero». El coloquialismo expresivo, tan frecuente en Fin de siglo y cunde el miedo, contrasta con la reiteración de vocablos científicos que refuerzan el extrañamiento del lector con respecto a la realidad. Estas palabras habitualmente lejanas para el hombre de letras transmiten una visión biológica del ser humano de alguna manera contradictoria con el propósito de individualizarlo en el bosque colectivo: «Todo mi ser depende de una bioquímica disposición.»

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