Poesia (201)
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    1 ENEROVivirmedir la danza oculta del ser,…Sigue Leyendo

    Alrededor del sol Por: Fernando Blanco Inglés 10,58

    1 ENERO

    Vivir
    medir la danza oculta del ser
    con la cuerda invisible del amor.

    18 ENERO 1925

    Amar
    con la vena abierta
    de par
    en par
    y
    la sangre llamando
    a todas las puertas

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    Una de las exiguas ventajas que consigue una persona, como el autor de este libro, si llega mínimamente sano y lúcido a la senectud, es la de poder cantarle las cuarenta a lucero del alba,


    Fuego graneado Por: José G. Ladrón de Guevara 12,50

    Una de las exiguas ventajas que consigue una persona, como el autor de este libro, si llega mínimamente sano y lúcido a la senectud, es la de poder cantarle las cuarenta a lucero del alba, sin contemplaciones, circunloquios ni resquemores. Con estas chanzas satíricas, o coplillas a la antigua usanza, sólo pretendo, aproximadamente, ajustar las cuentas de mi vida con el mundo y la sociedad donde a lo largo de 73 años, por el momento, me ha tocado residir, resistiendo los embates de la naturaleza humana. Eso sí, con un sentido del humor, ácido a veces pero siempre saludable, que ha sido la mejor medicina para no enfermar y morir prematuramente de melancolía, de asco o de indignación. Si alguien se divierte con estas cuchufletas jocosas, fruto de mi ajetreada experiencia, me alegraré en la misma medida que lo lamentaría si, por el contrario, le causan un cabreo inusitado; porque en todo caso se trata de una broma. Como la vida misma.

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    Narra Plutarco cómo Alejandro Magno lloró sobre la tumba de Homero lamentando amargamente la ausencia de un cantor digno de sus hazañas.


    El águila en el tabernáculo Por: Inés María Guzmán 7,69

    Narra Plutarco cómo Alejandro Magno lloró sobre la tumba de Homero lamentando amargamente la ausencia de un cantor digno de sus hazañas. Pasado el primitivismo del origen, el de la primera poesía rapsódica, de espíritu arcaico y dominada por el acontecimiento real y fatídico (el canto de victoria de Judith sobre Holofernes, las palabras en el regreso de David con la cabeza de Goliath, la canción de la poetisa Telesila llamando a las mujeres a las armas para salvar a la ciudad de Argos, o Solón, entusiasmando a los atenienses para la conquista de Salamina…), el cantor se aleja del instante presente, se vuelve hacia el pasado y lo transfigura a la luz de lo contemporáneo; así eleva ese presente contemplando a los héroes antiguos, presenta el ideal perdido como realidad y da expresión al grado histórico, naciendo la conciencia de tradición. Homero ya describe un mundo desaparecido, Hesiodo narra en la Teogonia el nacimiento de los dioses, Isaías un mundo perfecto, con imágenes similares a las de Hesiodo, en bien del Estado del Dios mesiánico.

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    A veces sólo llueve dentro del oído. Como si en su interior de misterio y de olvido se guardaran, para raras ocasiones, meteoros de asombro y mansedumbre.


    Egogramas Por: Francisco Buj Vallés 7,69

    A veces sólo llueve dentro del oído. Como si en su interior de misterio y de olvido se guardaran, para raras ocasiones, meteoros de asombro y mansedumbre. Tal vez sea eso, entonces, lo que ahora mismo ocurre, y me apresuro a respirar, por ver si con alientos exhalados comunico la lluvia a los objetos. Solamente tu voz es más que lluvia, que lluvias al oído. Así que, si enmudeces, puede ser el desierto lo que impere por fuera. Y lo oscuro, por dentro.

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    CUERPO DE LUNA
    Tendido,
    junto al hueco


    Ciclos de búsqueda Por: Federico Martínez Rodríguez 7,69

    CUERPO DE LUNA

    Tendido,
    junto al hueco
    que lame tu sueño,
    acaricio con la mirada
    la armonía que sin palabras
    esta noche proclamas.

    Tu iluminado perfil
    y el abismo de cada pliegue
    reflejan las dos caras
    de esa luna libidinosa
    que sin piedad te posee.

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    Algo queda después de tanta pena. Habla un hombre. Soy yo: José García. Y algo es alguien que vive todavía, a favor de su nombre, cuando suena.


    A tus manos me entrego Por: José G. Ladrón de Guevara 11,54

    Algo queda después de tanta pena. Habla un hombre. Soy yo: José García. Y algo es alguien que vive todavía, a favor de su nombre, cuando suena.

    Cómo duele la vida. Pero es buena, si algo queda después de cada día. Algo: un libro, un golpe, una alegría, una mano, un verso u otra pena. Porque, os digo, mi vida es una guerra y aunque acabe rindiéndome a la tierra yo no voy a entregarme por completo.

    Algo queda, después de cada hombre. Algo, acaso, tan poco como un nombre enterrado a la sombra de un soneto.

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    No sé si porque he sido siempre un romántico sin remedio curativo posible o porque siento una especial debilidad por las personas que un día tuvieron que abandonar con todo


    Spelugges Por: José Luís García Herrera 7,69

    No sé si porque he sido siempre un romántico sin remedio curativo posible o porque siento una especial debilidad por las personas que un día tuvieron que abandonar con todo el dolor de su corazón y para siempre su patria chica —durante mi infancia perdí a muchos de mis amigos cuando sus padres se vieron en la imperiosa necesidad de emigrar a Madrid o Barcelona en busca de un futuro mejor—; o motivado, tal vez, porque mi padre tuvo que ausentarse la mayor parte del año durante toda su vida laboral —lo que en su época prácticamente correspondía a su vida entera— de su hogar y de su gente, cada vez que conozco de cerca la figura de un emigrante, instintivamente me uno a su causa y a su soledad. Emocionalmente me hago uno de ellos, siento su dolor como si fuera el mío propio. Con este sesgo afectivo me acerqué a la figura de José Luis García Herrera. Antes de conocerlo personalmente, ya lo había soñado en mi corazón. He de confesarlo abiertamente antes de seguir adelante, por una pura cuestión de honestidad personal. Más tarde, cuando leí sus versos y disfruté con ellos, supe además —en realidad, alcancé la certeza— que palpitaba dentro de sí un portentoso poeta.

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    Cuando en 1981, con la osadía de los veintiséis años, comencé a traducir Las flores del mal, no era del todo consciente del desafío a que me estaba sometiendo.


    Las flores del mal Por: Charles Baudelaire/Ignacio Caparrós 23,13

    Cuando en 1981, con la osadía de los veintiséis años, comencé a traducir Las flores del mal, no era del todo consciente del desafío a que me estaba sometiendo. Había leído el texto en francés con la veneración y el arrobo del joven que encuentra en esos versos la llama punzante del poeta rebelde ante el mundo y su propio acomodo, que advertía en la inmundicia urbana la grandeza de un misterio, que hacía de su crápula el insólito ejercicio de transformarla en palabra imperecedera, y que la construía en el sólido edificio de una obra concebida arquitectónicamente, más allá del sentimentalismo romántico, instaurando así meros cimientos de la modernidad poética.

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    La peculiar estructura de la poesía de Belén Juárez presenta un riesgo cierto y una indefensión probable: el riesgo de que el lector la identifique con la escritura automática,


    La noche de ayer Por: Belén Juárez 5,77

    La peculiar estructura de la poesía de Belén Juárez presenta un riesgo cierto y una indefensión probable: el riesgo de que el lector la identifique con la escritura automática, y en consecuencia cierre el libro que minutos antes, por curiosidad, lo ha abierto; y la indefensión: es bastante probable que sus claves precisen un periodo dilatado para su interpretación correcta, de lo que se desprende que ni aun los críticos podamos ofrecer, estemos en disposición de dar, un código plausible que ampare esta visión del mundo, esta (re) construcción de la realidad, privativas de su poesía.

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    ¿Por qué siempre me dices nada?
    La posesión del aire me prometes y me dejas de hinojos sobre el gélido barro. También preciso yo, errante como el humo, del fuego y de su atmósfera,


    Heredero del aire Por: Ignacio Caparrós 10,38

    ¿Por qué siempre me dices nada?

    La posesión del aire me prometes y me dejas de hinojos sobre el gélido barro. También preciso yo, errante como el humo, del fuego y de su atmósfera, la mano que lo avive y lo repose, lo deje palpitar en sus rescoldos.

    Siempre me dices nada si me abraso. y si entrego mi voz al confuso ruido, por qué la asfixia el ácido sigilo?

    ¡Cuánto cuesta construir un hombre! Me dices nada y encadenas mi libertad de nube a tu apatía, mi vigor a tus aires amputados y me das la certeza de que un hombre es su angustia, su agonía de estrella que en el cosmos no sabe que arder, si se arde, es para ser pavesa.

    ¡Aprenda yo del fuego su crepitar interno! Tal vez su ardor me diga cómo tallar el hielo del silencio que soy.

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    “Un viaje de cristales al interior de las ruinas”: Edades de la sonante espuma traza nuevamente la ruta del viaje reiterado ala conciencia del tiempo íntimo que es la poesía de Antonio Piedra.


    Edades de la sonante espuma Por: Antonio Piedra 7,50

    “Un viaje de cristales al interior de las ruinas”: Edades de la sonante espuma traza nuevamente la ruta del viaje reiterado ala conciencia del tiempo íntimo que es la poesía de Antonio Piedra. Las tres partes en que se divide el libro son otras tantas formas de representar este viaje. El primero, un emocionado y trágico diálogo con la propia voz en antiguos poemas (nueve, precisamente) que el azar pone ante los ojos de quien los escribió, treinta y tantos años más tarde. En el centro, las reflexiones sensitivas de unos recorridos por la Habana, oscuros de soledad y soleados de homenajes particulares. Finalmente, la reflexión sobre el mar definitivo a la que sirven de leve filtro distanciador las citas de Luis de Góngora y de Yehuda Ha-Levy. Es, pues, la literatura, la propia y la ajena (frondosa cita de nombres: Pessoa, Atencia, Góngora, Pino, Carilda, Juan Ramón, crespo, Ha-Levy), la que aporta un marco, sólo ligeramente distanciador, que centra la permanente intensidad con que se contempla lo vivido en el núcleo mismo del libro, esa Habana (la del eros y el ágape tanto como la de lo íntimo y lo social) representada y evocada, en algunos poemas, desde una Castilla tan diferente, aunque no menos viva y desbordante de sensorialidad y sentimiento.

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    Del amor y otras mitologías recoge poemas escritos entre 1977 y 2000. Tal como se advierte en la «Nota a la edición», el libro se estructura en cuatro partes


    Del amor y otras mitologías Por: Antonio Garrido Moraga 8,65

    Del amor y otras mitologías recoge poemas escritos entre 1977 y 2000. Tal como se advierte en la «Nota a la edición», el libro se estructura en cuatro partes que responden a la ordenación cronológica de algunos cuadernos ya publicados y de otros poemas inéditos o aparecidos en revistas. Vida y culturalismo son los ejes fundamentales en los que se inscribe la poesía de Antonio Garrido Moraga cuya evolución, en lo formal expresivo, va desde la tradición de la lírica clásica a la manera renacentista y barroca a la dicción directa, y a veces coloquial, de los últimos textos.

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    RETRATO
    Poeta soñador y algo trasnochado
    iluso, tozudo y algo enamorado


    De lo interior y de lo exterior Por: José Pedro Artal 8,65

    RETRATO

    Poeta soñador y algo trasnochado

    iluso, tozudo y algo enamorado

    luchador, emprendedor y algo cansado

    éste soy yo y algo más que me he

    callado.

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    El adolescente escucha conmovido a su sexagenario antecesor. El glorioso jubilado se interrumpe, mira a su alrededor abarcando los ficus gigantes,


    Abalorios Por: José Luís Vidal Carreras 7,50

    El adolescente escucha conmovido a su sexagenario antecesor. El glorioso jubilado se interrumpe, mira a su alrededor abarcando los ficus gigantes, el cielo colosal de la tarde granada, el tráfago de hombres y mujeres que se cruzan…, y exclama: “ ¿ y todo esto…?”

    La pregunta trunca, su mueca de estupor, sus hombros alzados, en suspenso unos instantes, fascinan… Entonces, del tótem escéptico, surge una sonrisa acariciadora para el nieto, que aguarda, en vano, la respuesta.

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    La característica más asombrosa de los epigramas y poemas mínimos de Dickinson es su habilidad para crear una imagen de inmensidad, de grandeza,


    Poemario mínimo Por: Emily Dickinson 7,50

    La característica más asombrosa de los epigramas y poemas mínimos de Dickinson es su habilidad para crear una imagen de inmensidad, de grandeza, mediante el uso de una veintena de vocablos. Su “Poemario Mínimo” no es a veces más que una relación de pequeños e irrelevantes caprichos, pero en otras ocasiones se nos presenta con versos llenos de imaginación y honda emotividad Son esas composiciones líricas las que he denominado ”poemas mínimos”: epigramas, pensamientos íntimos susceptibles de ser diseccionados para observar lo que los habita. Ha sido esta mi intención al traducirlos a la lengua española.

    903
    I hide myself within my flower,
    That fading from your Vase,
    You, unsuspecting, feel for me –
    Almost a loneliness.

    903
    Dentro de mi flor me escondo
    Para que, al desaparecer de tu Jarrón,
    Tú – sin saberlo –sientas por mí –
    Una soledad parecida.

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