Poesia (211)
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    Como necesidad, el silencio Por: Manuel Lacarta 9,62

    V

    Voy a la carrera, por el pasillo / yéndome de casa, y su voz / me da alcance: —Trae limones. / Trae leche, dos barras de pan—, / y yo traigo cervezas Mahou / —un retráctil de seis botellines—, / repollo, una sola barra de pan / de espelta. Son nuestras pequeñas / diferencias en nuestro día a día.

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    De rime en rive Por: Nadia Ayoub 9,62

    LÀ-BAS

    Là-bas, à l’horizon / Un bateau quitte le port / Il se dirige vers des rives embrumées … / Et moi, de mon promontoire, je rêve / De grands départs …

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    Isla de la soledad Por: José G. Ladrón de Guevara 10,58

    Los llamados niños de la guerra, y José García Ladrón de Guevara lo fue en plenitud pues nació en 1929, sufrieron las consecuencias directas de la guerra civil que llenó de muerte el solar de España a lo largo de tres interminables años y dejó heridas sus almas para siempre. Así, la primera herida que recibió José cuando apenas si ensayaba a vivir provino de la muerte de su padre, el abogado Horacio García García, fusilado en Granada por los nacionales en 1938. Este luctuoso hecho le dejó la enorme herida de su orfandad –el recuerdo del padre es motivo recurrente en su poesía– con la añadida necesidad de su lucha por la vida y el logro de su propia formación desde temprana edad.

    Si hago memoria al comienzo de mis palabras de este hecho, junto con el del asesinato de Federico García Lorca en 1936, entre otras muertes granadinas e intentos de destrucción de la mejor cultura literaria que podría ahora nombrar (léase el poema «El aire pasa preguntando por Federico», más abajo reproducido), es porque permite comprender más cabalmente las condiciones sociales, culturales y personales a las que se vio sometido José García Ladrón de Guevara para trazar su vida, canalizar su mirada sobre el mundo, ya desde entonces herida, insisto, y lograr hacerse escritor. También, cómo no, sirve para valorar en su medida la contribución que hizo de palabra y de obra, junto con Rafael Guillén y un pequeño grupo de escritores, al renacer poético de Granada en el tiempo de silencio de una posguerra interminable.

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    Tiempo de flores muertas Por: María Rosal Nadales 10,58

    La poeta cordobesa María Rosal destaca a lo largo de su carrera literaria por integrar en su obra tópicos y moldes clásicos, tomados de forma directa de la cultura grecolatina o a través de la tradición literaria hispánica renacentista y barroca (Molero de la Iglesia, 2007). El principal objetivo de este trabajo es identificar y sistematizar algunos de los elementos mitológicos más representativos de su imaginería poética, ya recogidos en las obras de Homero, Ovidio, Garcilaso de la Vega o Góngora, e indagar acerca de las directrices que rigen la integración de dichos materiales en una poesía muy alejada de los propósitos tradicionales. El análisis de la huella mitológica a lo largo de la poesía de la autora retrata un modus scribendi centrado en el propósito constante de cuestionar o desactivar todos aquellos artefactos poéticos que hunden sus raíces en la cultura patriarcal.

    En efecto, para configurar su imaginario artístico, la autora realiza, en poemarios que van desde Sibila (1993) hasta Discurso del método (2006), una reinterpretación personal y crítica de los tópicos y personajes heredados. Esta tendencia, que se mantiene hasta la actualidad, también se transluce en la faceta como docente e investigadora de María Rosal, que tiene como una de sus principales líneas de trabajo el estudio de la literatura con perspectiva de género. De hecho, en su trayectoria universitaria se centra en la necesidad de formar a una ciudadanía con sentido crítico, capaz de identificar aquellos estereotipos sexistas que se deslizan en las distintas manifestaciones culturales y contribuyen a una socialización diferenciada para hombres y mujeres, responsable de perpetuar las desigualdades.

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    Antes de la renuncia Por: José Gutiérrez 10,58

    En muchas ocasiones, el ejercicio de lo poético no ha de plasmarse necesariamente en una hoja en blanco. El silencio puede tener el mismo valor que un poema o un verso imperecedero, aquel que se persigue denodadamente. Como ha postulado Rafael Guillén, «no es lo mismo ir de poeta por la vida que vivir en estado de poesía». Una de las cosas que siempre he admirado de José Gutiérrez es que no «va de poeta por la vida», en el sentido de que no adopta apariencias que lo muestren ante los demás como un ser exclusivo, presuntamente original o poseedor de una sensibilidad singular. Su forma de ser va pareja a su poesía, cercana, cálida y absolutamente verdadera. Creo que tiene muy presente la máxima de Juan de Mairena de que «no es lo mismo pensar que haber leído». Entre la vida (el pensar y el sentir) y la cultura literaria (la mera acumulación de lo leído), para Gutiérrez siempre prevalece lo primero como algo incuestionable.

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    Espacio interior Por: José G. Ladrón de Guevara 12,50

    En Espacio interior (Poemas para Concha Girón), primero de los dos libros póstumos que he preparado destinados a recoger la poesía que dejara inédita José G. Ladrón de Guevara tras su fallecimiento en Motril el 3 de marzo de 2019, ofrezco la mayor parte de la poesía amorosa que éste escribiera para una destinataria específica: Concepción Girón Ballesteros, tan familiar como cariñosamente nombrada en los poemas ya Concepción ya Concha ya Conchita ya «amante mía». Este nombre es el de la esposa del poeta, principio y fin de su dedicación poética desde la primavera de 1990, con quien habría de contraer matrimonio civil el 23 de abril de 1994, en Albuñuelas. En este sentido y para mayor concreción, el arco temporal de escritura de los poemas aquí editados se sitúa entre el 6 de junio de 1990 y el 12 de mayo de 1993, casi tres años de sostenida creación poética, con su debida disposición y presentación material para su entrega, como ahora diré, con el objetivo de conmover y atraer a la causa del amor a su destinataria, lo que, claro queda, consiguió.

    Antonio Chicharro

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    Las claras sombras del camino salud… Por: Francisco M. Ortega Palomares, Francisco C. Ayudarte Granados, 9,62

    Hemos intentado dotar al presente poemario de un carácter al mismo tiempo sencillo, natural, intimista y reflexivo. Las claras sombras del camino saludan al viajero desarrolla un renga de doscientos tankas, alternándonos respectivamente los autores en la composición de los haikus pares e impares. La obra se estructura en cinco partes que responden globalmente a diferentes temáticas: descriptiva, intimista, bienhumorada, metapoética y reflexiva.

    Como es conocido, el renga consiste en una sucesión indeterminada de tankas, escritos normalmente por más de un autor. Es muy conocida la reunión propiciada por Octavio Paz, en París, durante el mes de abril de 1969, de cuatro poetas para componer el primer renga de Occidente. El objetivo de aquella experiencia, según el poeta mexicano, estribaba en escribir un poema colectivo en cuatro lenguas diferentes a partir de una tradición poética compartida. Como explica Octavio Paz, se trataba, a su manera, de una «verdadera traducción: no de un texto sino de un método para componer textos». Al igual que aquellos autores, la realización de estos versos responde al interés, compartido por muchos escritores, por explorar las posibilidades de una poesía colectiva en la que el eje principal de la actividad poética sea el poema y no el autor.

    Satisfechos razonablemente con el resultado de la experiencia, nos atrevemos a publicar estos textos. Nuestra mayor alegría ha consistido en crear compartiendo. Deseamos hacer partícipes de ella a los eventuales lectores de este poemario

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    Tierra madre Por: José Antonio Santano 8,65

    Premio «José Antonio Ochaíta» de Poesía 2017

    Diputación de Guadalajara

    Sin saber dónde ir…

    Contemplo el horizonte / la fuerza del silencio / atrapado al crepúsculo / por ser la hora última / fijada ya en la piedra / y al madero pupitre / acaso en el olvido / del rumor de las sílabas / en la luz primigenia / que ilumina los nombres / escritos en el tiempo / que atesora este claustro / supremo entre los arcos / y bóvedas celestes / por más clara razón / de toda transparencia / señal de la verdad / prensil y nutricia / que busca en los caminos / la fuente del saber / que sacie y calme el alma / en honda soledad / ya viva y trascendente / inserta en el misterio / que los ojos ocultan / del abismo y el caos.

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    Tomar la pluma Por: Josep González Ribera 8,65

    LA ESPINA DE LA ROSA

    Acaso sean las espinas / lo más interesante de la rosa. / Acaso la rosa sola / terminaría por aburrirnos. / Si fuéramos ángeles / su belleza sola nos bastaría, / pero es la promesa lo que buscamos, / la trascendencia, el saber / que existe la perfección tras nuestros dolores, / pero que sólo / tras nuestros dolores o / tras esa búsqueda / de un infinito que no encontramos / podemos alcanzar a vislumbrar / la perfección que seguramente / no sea de este mundo.

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    La recompensa de los puntos susp… Por: Miguel González Dengra 9,62

    Y si, llegado el día, la plaza / se llena de gente honrada, / agradecida, sin doblez ni máscaras, / con quien he compartido casa, / copas, llama, alegres fragancias, / recuérdame, entonces, que alabanzas / de miserables y furtivas palabras / de quienes prometen glorias vanas / hay que saber siempre esquivarlas.

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    Por los caminos del aire Por: Pedro López Ávila 11,54

    ¿De dónde podía venir esto sino de la vanidad de la vida, por ser carne y viento que camina y no vuelve? Así decía san Agustín en la madurez de sus días sobre algunas de sus experiencias literarias, cuando recordaba su formación y sus juveniles desenvolturas. Pero en nuestro tiempo es esa vanidad, junto a la delicuescencia trágica del existir, la que nos obliga a plantearnos con vivo interés dónde anclarnos a un fondo suficientemente firme, que pueda convertirse quizá en lo más parecido a la fugaz e improbable sombra de una consistente permanencia. Por los caminos del aire es un delicado objeto poético articulado en torno a una reflexión lírica de madurez que se ordena hacia este afán. Para ello se arma desde una doble coherencia: la que proporcionan la materia y circunstancias que se despliegan en la obra, y la que afecta al estilo que modela esta confesión lírica. A ambos espacios nos vamos a referir a continuación.

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    Una montaña, un mar, un jardín Por: Javier Martín Ríos 8,65

    En la poética de Javier Martín Ríos existe una voz propia con un espacio semántico y preciso y otro sintáctico provisto de versos acompasados que expresan la unidad de toda una obra.

    Diversos elementos contribuyen a conseguir ese todo fuertemente tratado en nuestro libro: Una montaña, un mar, un jardín. El primero de ellos es la idea de hacernos llegar su poesía a través de la contemplación y no de la acción; en la captación de la realidad sin la distorsión del pensamiento. En un segundo lugar, la forma en la que nos presenta la Naturaleza, tanto en su significado como en su dimensión; desde el respeto a ese algo que encierra las más profundas enseñanzas y desde el hombre como naturaleza. Por otra parte, notamos que los sentimientos no provienen de persona alguna, de «ego» alguno, y que se dejan al aire; aunque, a veces, se incluye a sí mismo en la escena cuidando de no aparecer en el centro sino como parte de un todo. En cuanto al tiempo, es siempre presente, o más concretamente: instante.

    Javier Martín Ríos es profesor de Lengua y Literatura moderna y contemporánea chinas en el Departamento de Lingüística General y Teoría de la Literatura de la Universidad de Granada, ha vivido ocho años en China y es, sobre todas las cosas, poeta, como lo demuestra su libro El mismo cielo, la misma tarde (2016), aunque su creación artística y su indagación intelectual se han repartido en numerosos géneros y modos de escritura que se reparten entre la prosa poética de la novela Nala (2001), el diario Arde Shanghai (2007) y el libro de viajes Cuaderno de Yunnan (2009), la crítica literaria y sus experiencias con los libros vertida a través de Internet y después editada en el libro Náufragos de papel (2018), sus ensayos dedicados a la literatura china moderna y contemporánea y su asidua y sostenida labor de traductor de poesía china moderna y contemporánea, como las traducciones de Wen Yiduo, Aguas muertas (2006), Dai Wangshu, Mis recuerdos (2006) y Gu Cheng, Poemas oscuros (2014). Por eso, notamos en sus poemas las influencias del Taoísmo, el Budismo y el Confucianismo.

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    Agridulce Por: Lola Megías Martínez 12,50

    La poesía es un camino que, tarde o temprano, como un manantial apareciendo periódicamente para aniquilar nuestra sed, todos recorremos de una forma u otra para intentar suavizar las aristas de una vida demasiado anodina. Porque poesía es todo, un todo que abarca más allá de lo que inicialmente podríamos pensar, pero que permanece aletargado aguardando el momento más propicio.

    Partiendo de esta base —de que la poesía es un todo intangible pero a la vez omnipresente— se podría afirmar que vivimos, a pesar de los pesares, en un mundo poético que redunda en nuestros actos cotidianos.

    Aún así, hay que distinguir entre diferentes tipos de poesía, acorde cada uno de ellos al estado anímico que nos tiene atrapados en cada momento. Decía nuestro insigne Federico García Lorca que «poesía es la unión de dos palabras que uno nunca supuso que pudieran juntarse, y que forman algo así como un misterio». Es, en definitiva, expresar a través de la mano de la palabra, aquello que no puede contener el corazón.

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    Cielo y Chanca Por: José Antonio Santano 9,62

    En Cielo y Chanca estoy por decir que los verdaderos protagonistas son la luz y el silencio. La luz es externa, en esos cubículos de casas apaisadas, semejantes a cristalizaciones de sal, teñidas de tórridos colores en la disposición de las calles que serpean la colina milenaria, y el silencio es interno: lo provoca el vacío que deja el sufrimiento de tantas gentes, pobres gentes a lo largo de los últimos siglos. Arriba está la Alcazaba, como un signo de poder inalcanzable, una especie de bota férrea y pétrea que oprime el cuello de los desafortunados, y abajo está el mar, el mar bullente de presagios para los pescadores que dieron nombre al lugar. Ah el mar, en la obra de este hombre. Desde el mar de olivos de su tierra natal saltó a este gran mar que acoge todo cuanto de inasible existe en la obra de Santano: la incertidumbre, el miedo, la zozobra ante la vida y el misterio de la muerte.

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    Luz y cal Por: Alfonso Berlanga Reyes 9,62

    Si en los dos poemarios anteriores, Son aymara y La casa de la Almedina, se advertía un depurado estilo, sujeto a la más grande tradición lírica española pero innovador y abierto, capaz de producir ese temblor que sólo la buena poesía genera siempre, la tercera entrega de Alfonso Berlanga, Luz y cal, viene a confirmar que nos encontramos ante un poeta de una extraordinaria madurez, que abducido en este caso por la luz, ha sabido transmitirnos toda su belleza —interna y externa—, ahondando en su significado para proporcionar así a sus lectores un universo donde la palabra no es sino un juego de seducción continuo. Luz y cal consigue atraernos desde su primer verso, de tal manera que no podemos desprendernos del intensísimo lenguaje que lo contiene, la palabra poética hierve en su interior, nos quema la conciencia y nos libera. La luz en todas sus formas, la que destella y nos ciega al mismo tiempo, sureña, diamantina, luz de mar y espuma, de blanca cal, abrasadora, fértil, dolorosa, resistente, alegre, seductora, paradisíaca e infernal, luz de vida, como la vida que el poeta contempla día tras día desde su privilegiada atalaya almeriense. Un libro inmenso que nos hará vivir intensamente, que nos  transporta en cada verso a la verdadera razón de ser de la poesía, de su esencialidad.

    José Antonio Santano

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