Artículos literarios (27)
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    El ave de Minerva se eleva … Por: Manuel Ángel Vázquez Medel 10,58

    El gran proyecto euro-occidental de la Modernidad tuvo como referencia dominante la luz. Se trataba de iluminar, gracias a la razón, los rincones más oscuros de la existencia. De ahí que conozcamos el siglo XVIII como «El Siglo de las Luces». Por fin saldríamos de la oscuridad y del oscurantismo de creencias no fundadas y caminaríamos como adultos sobre el suelo sólido de la razón.

    Pero –ya lo advirtió Goya– «el sueño de la razón produce monstruos». Esos monstruos nos han acompañado durante siglos de hipertrofia racionalista y de postergación de la dimensión emocional, esencial para lo humano.

    La mayor iluminación de que hemos sido capaces se simboliza en el horror de los hongos de las bombas atómicas destruyendo decenas de miles de vidas en Hiroshima y Nagasaki, contrapunto del horror del fuego que devoraba los cadáveres en los campos de exterminio nazi. Se han eliminado muchos millones de seres humanos en nombre de la razón (teleológica, instrumental, impositiva), convertida en el nuevo dios, antes de que viniera a desbancarla el dios del dinero y la acumulación (el nuevo becerro de oro) que hoy nos domina desde la irracionalidad.

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    Rastros lectores Por: Wenceslao Carlos Lozano 10,58

    He reunido en este volumen una serie de textos de tema literario, en su mayoría reseñas aunque también de otro tipo, dispersos en revistas culturales desde bastantes años atrás, diez de ellos en El fingidor, esa tan añorada publicación de corta pero esplendorosa vida (1999-2007) creada por José Gutiérrez y hoy elemento ineludible del patrimonio cultural y documental de la universidad y de la ciudad de Granada. De tantas recensiones publicadas en las últimas décadas, he rescatado algunas que podrían conservar hoy cierto atractivo de lectura, descartando de entrada las dedicadas a sesudos estudios académicos a la vez que ciñéndome al espacio máximo que concede esta hermosa colección de Mirto Academia, de ahí que otro criterio de selección haya sido la relación de amistad o la afinidad electiva, según los casos, incluso en detrimento de títulos más literarios. La confluencia aquí de una decena de autores granadinos es, de por sí, prueba suficiente de una buena sintonía vecinal.

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    No todos los versos tienen héroes Por: José Antonio López Nevot 10,58

    Firmes propósitos para el verano

    El curso llegaba a su fin, y Luciérnaga me había abandonado por otro. Su luz ya no iluminaría mis noches, pensaba, me quedaría a oscuras con el antiguo dolor, preguntándome por la forma de los ojos de mi amada. La penumbra lapidaría mis sienes, y un estruendo de cascada resonaría en el lago sin fondo del insomnio.

    Como todas las mañanas, me encaminé a la universidad. Sentado en el aula, y mientras el profesor Exitus exponía la teoría del conocimiento de Louis Althusser, evoqué mi pasado con Luciérnaga. Durante aquel invierno, Luciérnaga había sido mi única compañía: vestida con su inconfundible abrigo de cuello de astracán, la veía emerger de la muchedumbre indistinta y acudir a mi encuentro como una ágil Artemisa sobre veloces patines; luego entrelazaba los dedos de mis manos con los suyos y nos dirigíamos al lago helado, donde patinábamos juntos hasta el mediodía. Comíamos en un bistro a orillas del lago y, poco después, nos apresurábamos hacia su casa, porque el crepúsculo caía sobre la ciudad con la rapidez de una nube de tormenta. Los días invernales eran tan breves en Arkadia, que apenas disponíamos de unas horas de sol; muy pronto, la noche se adueñaba de las calles con su avanzadilla de sombras, obligando a los transeúntes rezagados a correr hacia sus casas, como si un pavoroso toque de queda lunar regulase la vida de los hombres. Desde los comercios más lujosos, hasta las tabernas más miserables, todos los negocios cerraban a las tres de la tarde. Incluso los prostíbulos se quedaban vacíos a aquella hora. Yo, sin embargo, podía enorgullecerme de pasar las noches infinitas en compañía de la mujer amada, en la casa de sus padres, que parecían tolerar nuestra relación, pues mi presencia ofrecía cierta seguridad frente a la negrura absoluta.

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    Tenue armamento Por: Ángel Olgoso 10,58

    Como es bien sabido, cuando uno empieza a analizar sus propios escritos emprende un camino que puede llevar a la locura. Baste decir, por tanto, que en el florilegio de este pequeño volumen reúno algunos de mis textos de no ficción; una serie de migajas que se me han ido cayendo a mi pesar entre la escritura de libros, proyectos y peticiones amistosas; piezas condenadas a una muerte instantánea, dichas en voz alta y escuchadas una sola vez, como la proclama; piezas anfitrionas que sufren también propensión al desvanecimiento, como las presentaciones literarias (ese género galante en el que –según Iwasaki– unos disfrutan introduciendo y otros al ser introducidos) para decir de un autor o de su obra; piezas a las que se les otorga algún cobijo impreso, como los prólogos, los epílogos (esos ejercicios impecables de cobardía), las reseñas, las entradas de blog, las poéticas, los comentarios críticos o las cartas. Baste decir que tuve presente ese afilado axioma de Proust («Una obra en la que hay teorías es como un objeto en el que se deja puesta la etiqueta») y que esta ecléctica miscelánea de papeles menores –unos conocidos, otros difíciles de encontrar o simplemente inéditos– se limita a dibujar una nada intencionada poética, la efímera sombra de la escritura, del juego de crear; materializa sin querer un corpus de motivos, entusiasmos, obsesiones y encargos, vestigios de la fiebre del letraherido; tiende puentes a un territorio particular donde las fronteras se borran, a un gabinete de curiosidades, las del mismo autor. Baste decir, usando la terminología de nuestro académico y patafísico de espíritu Antonio Sánchez Trigueros, que acaso lo que extiendo ahora en el mostrador de estas hojas no sea más que mi propia bisutería literaria o mi manuario de escoria.

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    Ante un pozo de plata Por: Antonio Carvajal 10,58

    Decidieron las brisas aprender armonía para arrullar al niño en sus lentos insomnios sin luna. Acudieron a los montes vecinos que sólo les prestaron blandos ecos, susurros de ramones por los olivares, lamentos de barrancos y arroyos desnutridos. Acudieron al río, a veces turbulento, fuera de madre, enajenado y turbio; a veces manso, transparente y silencioso como los espejos donde las mujeres felices evocaban su doncellez desnuda de fantasías. Quisieron unir las altas estrellas con su imágenes en los pozos hondísimos y foscos, pero no les cabían las zarpas de la Osa, el expandido vuelo del Cisne, el gélido aliento de Arturo; sólo con plenitud les cupo Vega y, comprendido su error, se humillaron entre las crespas hojas de las remolachas, no se atrevieron a levantarse sobre las flores del tabaco, aprendieron arrullos de las hojas del maíz y suspiros de los rosales. Para elevar sus voces a los cielos, el chopo les dictó posturas y lecciones: las raíces en tierra, el tronco un recto impulso hacia la luz más alta, de cieno a luna, de vega a Vega.

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    El burro del Cardenal Por: Eduardo Castro 10,58

    Mi buen amigo El Hechizado me repitió muchas veces que debajo de la evidente piel de periodista, en sus variantes de reportero, viajero, cronista e investigador, Eduardo Castro dejaba al descubierto una imagen genuina de narrador, de narrador de raza, y siempre estuve de acuerdo con ese atinado juicio, al que en los últimos años me permitiría añadirle su no menos interesante vena de poeta. Yo tuve la suerte de asistir a su epifanía de novelista, cuando, como jurado, pude descubrir bajo el seudónimo que era el autor de la novela La mala conciencia, ganadora en 1978 del premio «Ángel Ganivet», que entonces convocaba la Universidad de Granada; una buenanovela muy comprometida social y críticamente, de consistente y compleja composición narrativa con sólida base ideológica y dialéctica; una novela que prometía mucho.

    Vinieron después los tiempos de absoluta dedicación de Castro al periodismo en todas sus posibilidades, estilos, variantes y espacios, donde sin duda la dedicación narrativa siempre estaba presente, pero sus afanes específicamente literarios siguieron creciendo lentamente, en silencio, en un trabajo paciente de laboratorio, que afortunadamente salió a la luz en el año 2003 con la primera edición de El burro del Cardenal, que tuve el placer de presentar a la sociedad literaria granadina, y que ahora reedita la Academia de Buenas Letras de Granada con una importante incorporación de nuevos textos.

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    Aplausos para el atardecer Por: Juan Andivia Gómez 12,50

    El artículo de opinión ofrece la posibilidad de expresarse de modo que los lectores entiendan, aunque no compartan, las reflexiones y planteamientos que un autor hace de manera individual y sin divagaciones. Por eso, es un buen ejercicio para mantenerse en contacto con la sociedad que ofrece la noticia y con el consumidor a quien se dirige. Y en el caso de los poetas, la mejor forma de alejarse del lenguaje estrictamente connotativo.

    Así que desde hace años, decidí no abandonarlo y aparecer en algunos medios.

    Desde los desaparecidos Odiel y Diario de Andalucía, hasta el centenario El Correo de Andalucía, pasando por semanarios, revistas y medios digitales no he abusado, pero sí he estado presente en diversas épocas y en variados formatos.

    Al elegir los artículos de esta compilación, me he encontrado con textos que habían salido en varias publicaciones, aunque con matices distintos, por lo que he optado por cualquiera de ellos; así que no debe entenderse que esto sea una selección, ni una antología, ni mis artículos preferidos, sino la intención de mostrar una faceta de mi labor literaria y de pregonar de nuevo mis preocupaciones.

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    Ya toda me entregué… Por: Amelina Correa Ramón 10,58

    La personal interpretación del «Vivo sin vivir en mí» teresiano que nos ofrece su discípula y compañera de Orden, Gabriela Gertrudis de San José (1628-1701), en el texto reproducido, nos muestra un eslabón más de una larga y centenaria cadena, donde se revela la fecundidad y vigencia de la mística femenina, un fenómeno que tiene entre los siglos XII y XVII su momento de esplendor. En diversos grados, con diferentes manifestaciones, a lo largo de toda Europa numerosas mujeres van a vivir —y a dejar un reflejo en la escritura, bien directa o bien indirectamente—, de una vivencia suma y arrebatadora que transformará sus vidas y, con frecuencia, las de su entorno. Se trata de un fenómeno en el que «El protagonista absoluto […] es una ausencia que se hace presencia, la de Dios, a quien escucha la mística y de quien transmite lo que predica, lo que responde y lo que deja sentir»

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    Páginas con alma Por: José Lupiáñez 10,58

    Muy en la línea de mis libros anteriores para esta colección de Mirto Academia, prosigo aquí con otra selección de textos heterogéneos sobre poesía, novela o ensayo, concebidos en tiempos distintos y realizados por motivos diversos, pero siempre inspirados por la amistad y la devoción hacia la Literatura y el hecho creador, como ha venido siendo constante en todos ellos. La celebración del Centenario de la muerte de Rubén Darío (1916-2016) el año pasado me hizo recuperar algunos escritos sobre el maestro nicaragüense, al hilo del homenaje que rendimos a su memoria en Ávila un grupo de artistas y poetas, a finales del verano de 2016. Me refiero a la IV Edición de MonArt, celebrada en el Real Monasterio de Santo Tomás de la capital abulense del 10 de septiembre al 11 de noviembre, y en la que, bajo la dirección del maravilloso e infatigable promotor cultural que es Rafael Gómez Benito, se llevaron a cabo una serie de actos en los que se dieron la mano la música, la poesía y el arte. Esos textos dan pie al primer tramo de esta entrega y justifican, en parte, el subtítulo de la misma.

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    El espejo de los vivos Por: Antonio Enrique 10,58

    Sé que este libro no va a gustar a nadie. Y es porque, sobre cada uno de sus planteamientos, cada cual tiene sus ideas propias, normalmente inamovibles. A unos, las mías, les parecerán ingenuas, a otros superficiales y a otros más, descabelladas. Y tendrán todos razón, seguramente. Pero, por el mero hecho de compartirlas, habrá merecido la pena. Es necesario hablar, dejar la puerta abierta a la reflexión. Si así fuera, el presente ensayo habría cumplido su objetivo. Las reflexiones aquí contenidas, no obstante, son todo menos improvisadas; de esto esté seguro el lector. He estado esperando demasiado tiempo, tal vez, para expresarlas. Son la consecuencia de numerosas lecturas, con el tiempo consiguiente para asimilarlas, y de muchas otras vivencias e intuiciones. Después de todo, tales reflexiones no aspiran sino a lo propio de la meditación: exponerlas sin prejuicios ni dogmatismos, en lenguaje desinhibido y cordial. Y en mi caso, indagar sobre el sentido profundo de las cosas, las que nos suceden y las que imaginamos. No significan más, pero tampoco menos. Dicho sea con el mayor respeto.

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    Con arrimo Por: Juan Varo Zafra 10,58

    La vida de cualquier persona, en todos sus perfiles, se configura con los contactos recibidos a lo largo de su existencia en el medio que le circunda, pero de manera muy primordial el contactar humano. Relación que habrá sido gozosa, desventurada o indiferente, pero todas y cada una han modelado su ser.

    Al decidir componer un libro, cuya finalidad es mostrar mi afecto hacia las personas que me han enriquecido anímicamente, pensé, de inmediato, en los diferentes escritos que a lo largo de mis días he realizado por motivos muy diversos, pero siempre con el horizonte puesto en manifestar la bondad humana, artística o intelectual que tal persona poseía, sin distinción de género e intentando que el espejo lírico fuese imagen fiel de mi propia emoción. Este libro es, por tanto, un ejercicio de amor y gratitud.

    Debo de confesar que en mi alma hay muchos testimonios amables y valiosos de amigos a los que aún no he dedicado mi palabra escrita, por supuesto, no por olvido, sino porque la circunstancia no lo ha propiciado, mas, si mi salud lo permite, en próxima ocasión tal ausencia será subsanada.

    La manifestación en Con arrimo está compuesta principalmente de escritos en prosa difíciles de hallar por ser obra muy dispersa y heterogénea. Abarca desde el estudio hasta el artículo necrológico. En la sección «Semblanzas y dedicatorias» los poemas dedicados son sólo algunos inéditos. Mi deseo inicial fue incluir todos, aunque ya figuran en poemarios editados. Propósito inviable dada la limitación del número de páginas que la colección impone.

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    Morosidad y paciencia, y otros escritos sobre Luis Rosales Por: José Carlos Rosales 10,58

    Quedan aquí agrupados casi todos los artículos que, por razones diversas, he ido dedicándole, a lo largo de los últimos veinte años, a la poesía de Luis Rosales. Sólo falta un trabajo, «Luis Rosales, Discípulo del aire» 1. Dada su extensión o su carácter, no habría sido posible —ni conveniente— incluirlo en esta compilación; el atento lector advertirá, al recorrer sus páginas, algunas reiteraciones e insistencias en determinados detalles, ideas o análisis. Pido disculpas por ello. Pero, si hubiera intentado evitarlas, ello casi habría supuesto una nueva escritura, un nuevo libro; es decir, otro tipo de libro. Y no se trataba de hacer algo así.

    Los artículos aquí recogidos apenas han sufrido modificaciones. Sólo se han corregido las erratas deslizadas en su edición originaria y, al mismo tiempo, hemos aprovechado la ocasión para subsanar los errores advertidos, actualizar la bibliografía mencionada y completar aquellas citas o referencias que no pudieron disponer del espacio deseado en el momento de su primera publicación.

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    Nueva luz sobre antiguos libros Por: José Gutiérrez 10,58

    Pienso que la lectura no es comparable con ningún otro medio de aprendizaje y de comunicación, ya que la lectura tiene un ritmo propio, gobernado por la voluntad del lector; la lectura abre espacios de interrogación, de meditación y de examen crítico, en suma, de libertad; la lectura es una relación con nosotros mismos y no únicamente con el libro, con nuestro mundo interior a través del mundo que el libro nos abre». Acaso estas palabras de Italo Calvino, pronunciadas en una conferencia que el novelista italiano dictó en Buenos Aires, resuman mejor que cualesquiera otras su posición de escritor frente al posible lector, y más concretamente con el hipotético lector de su última obra: Palomar (Alianza Ed.; Madrid, 1985), que por azar del destino —a Calvino la muerte le sobrevino inesperada el verano de 1985 a causa de un derrame cerebral cuando contaba 62 años— se ha convertido, salvo la posible aparición de alguna obra póstuma, en el testamento literario de uno de los más grandes narradores europeos del siglo XX.

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    La voz aliada Por: Wenceslao Carlos Lozano 10,58

    He reunido en este libro ocho textos publicados años atrás. Todos tuvieron su origen en entrevistas dialogadas, aunque sólo cinco de ellos conservaron esa forma. Los demás corrieron distinta suerte de manipulación.

    De conversaciones parten las páginas dedicadas aa Soeur Marie Keyrouz, a Jaime Heredia El Parrón y su hija Marina, así como a Horacio Tato Rébora; y de cuestionarios las de Malika Embarek, Yasmina Khadra, José Monleón y Gerardo Piña. Tocante a la traductora hispano-marroquí Malika Embarek López, mis preguntas son escuetas y las respuestas muy largas, debido a que se produjo una correspondencia paralela con insistentes ruegos de que se extendiera en determinados aspectos, a lo cual acabó accediendo para suerte de los interesados en el tema, pues me consta que ese texto ha sido utilizado como material de trabajo en talleres de traducción literaria.

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    Tiempo de hablar (Ocho escritores a grabadora abierta) Por: Eduardo Castro 10,58

    La entrevista, en definitiva, no es más que «una conversación que se da a conocer en un medio informativo », como afirma sin más Rafael Yanes, en la revista ecuatoriana de comunicación Chasqui 3. Aunque Yanes se refiere particularmente en su artículo a la entrevista política, lo cierto es que recoge en él diversas definiciones y opiniones al respecto que no me resisto a reproducir. Así, mientras que «algunos autores consideran que la entrevista es un género auxiliar de otros, como la crónica o el reportaje», para Gabriel García Márquez, sin embargo, se trata del «género maestro, porque en ella está la fuente de la cual se nutren todos los géneros periodísticos».

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