Año 2019 (52)
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    Después de Sodoma Por: Antonia Lozano 19,23

    Pasión que da la vida, pasión que da la muerte. Dolor profundo y placentero. Amor ancestral, amor imposible. Esto conforma el complejo y contradictorio trenzado que unió Antonia a Federico e hizo posible este tríptico tan rico en emociones intensas. Obra que reúne documentación, representación, e imagen, entrelazando la historia con la imaginación y la estética. Todas ellas son facetas ya enriquecidas en la obra de Federico García Lorca, que Antonia Lozano proyecta en tres secciones preñadas de una amplia colección de conceptos rescatados de rincones muy profundos del saber y el comportamiento humano. La obra creció nutrida por la conjunción de la propia obra de García Lorca con otras fuentes históricas, mitológicas y filosóficas como la génesis y la creación del mundo, Hesiodo y la Biblia, las concepciones trágicas de Sófocles y Eurípides, “La vida es sueño” de Calderón, “la metáfora y el mito” de Álvarez de  Miranda y Evocación-Invocación (Biografía iniciada) de Antonia Lozano entre otras. Así, este libro combina magistralmente conceptos mitológicos, religiosos y psicoanalíticos con elementos de la obra de Lorca, dando lugar a una creación intrigante, intensa, atemporal, fuerte y bella, incapaz de pasar desapercibida. Digna de ser vista y reflexionada.

    Francisca Sánchez Jiménez

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    De rime en rive Por: Nadia Ayoub 9,62

    LÀ-BAS

    Là-bas, à l’horizon / Un bateau quitte le port / Il se dirige vers des rives embrumées … / Et moi, de mon promontoire, je rêve / De grands départs …

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    La vida es breve Por: Francisco M. Ortega Palomares 11,54

    Un microcuento es el pinchonazo de un alfiler que toca el nervio de la imaginación

    Los microcuentos son como el destello de una estrella fugaz, un breve fragmento de luz que prende en la oscuridad de la mente.

    Escribir un micro es como resolver una ecuación. Tienes los términos y solo debes despejar la incógnita.

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    Isla de la soledad Por: José G. Ladrón de Guevara 10,58

    Los llamados niños de la guerra, y José García Ladrón de Guevara lo fue en plenitud pues nació en 1929, sufrieron las consecuencias directas de la guerra civil que llenó de muerte el solar de España a lo largo de tres interminables años y dejó heridas sus almas para siempre. Así, la primera herida que recibió José cuando apenas si ensayaba a vivir provino de la muerte de su padre, el abogado Horacio García García, fusilado en Granada por los nacionales en 1938. Este luctuoso hecho le dejó la enorme herida de su orfandad –el recuerdo del padre es motivo recurrente en su poesía– con la añadida necesidad de su lucha por la vida y el logro de su propia formación desde temprana edad.

    Si hago memoria al comienzo de mis palabras de este hecho, junto con el del asesinato de Federico García Lorca en 1936, entre otras muertes granadinas e intentos de destrucción de la mejor cultura literaria que podría ahora nombrar (léase el poema «El aire pasa preguntando por Federico», más abajo reproducido), es porque permite comprender más cabalmente las condiciones sociales, culturales y personales a las que se vio sometido José García Ladrón de Guevara para trazar su vida, canalizar su mirada sobre el mundo, ya desde entonces herida, insisto, y lograr hacerse escritor. También, cómo no, sirve para valorar en su medida la contribución que hizo de palabra y de obra, junto con Rafael Guillén y un pequeño grupo de escritores, al renacer poético de Granada en el tiempo de silencio de una posguerra interminable.

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    El ave de Minerva se eleva … Por: Manuel Ángel Vázquez Medel 10,58

    El gran proyecto euro-occidental de la Modernidad tuvo como referencia dominante la luz. Se trataba de iluminar, gracias a la razón, los rincones más oscuros de la existencia. De ahí que conozcamos el siglo XVIII como «El Siglo de las Luces». Por fin saldríamos de la oscuridad y del oscurantismo de creencias no fundadas y caminaríamos como adultos sobre el suelo sólido de la razón.

    Pero –ya lo advirtió Goya– «el sueño de la razón produce monstruos». Esos monstruos nos han acompañado durante siglos de hipertrofia racionalista y de postergación de la dimensión emocional, esencial para lo humano.

    La mayor iluminación de que hemos sido capaces se simboliza en el horror de los hongos de las bombas atómicas destruyendo decenas de miles de vidas en Hiroshima y Nagasaki, contrapunto del horror del fuego que devoraba los cadáveres en los campos de exterminio nazi. Se han eliminado muchos millones de seres humanos en nombre de la razón (teleológica, instrumental, impositiva), convertida en el nuevo dios, antes de que viniera a desbancarla el dios del dinero y la acumulación (el nuevo becerro de oro) que hoy nos domina desde la irracionalidad.

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    Tiempo de flores muertas Por: María Rosal Nadales 10,58

    La poeta cordobesa María Rosal destaca a lo largo de su carrera literaria por integrar en su obra tópicos y moldes clásicos, tomados de forma directa de la cultura grecolatina o a través de la tradición literaria hispánica renacentista y barroca (Molero de la Iglesia, 2007). El principal objetivo de este trabajo es identificar y sistematizar algunos de los elementos mitológicos más representativos de su imaginería poética, ya recogidos en las obras de Homero, Ovidio, Garcilaso de la Vega o Góngora, e indagar acerca de las directrices que rigen la integración de dichos materiales en una poesía muy alejada de los propósitos tradicionales. El análisis de la huella mitológica a lo largo de la poesía de la autora retrata un modus scribendi centrado en el propósito constante de cuestionar o desactivar todos aquellos artefactos poéticos que hunden sus raíces en la cultura patriarcal.

    En efecto, para configurar su imaginario artístico, la autora realiza, en poemarios que van desde Sibila (1993) hasta Discurso del método (2006), una reinterpretación personal y crítica de los tópicos y personajes heredados. Esta tendencia, que se mantiene hasta la actualidad, también se transluce en la faceta como docente e investigadora de María Rosal, que tiene como una de sus principales líneas de trabajo el estudio de la literatura con perspectiva de género. De hecho, en su trayectoria universitaria se centra en la necesidad de formar a una ciudadanía con sentido crítico, capaz de identificar aquellos estereotipos sexistas que se deslizan en las distintas manifestaciones culturales y contribuyen a una socialización diferenciada para hombres y mujeres, responsable de perpetuar las desigualdades.

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    Tardes en el Café Suizo… Por: Arcadio Ortega 10,58

    Lo recuerdo con la sepia nitidez de un sueño placentero cuando enturbio los ojos y cruzo ensimismado la puerta giratoria de cristal transparente, opacada en la sombra de la cortina beige en su envés, marrón para la sala, especie de telón que tanto limitaba, marginando la calle y dando paso y filtro a la estancia de cuadrícula vasta, donde las columnatas sostenían un techo en adornada escayola de circuncisos capiteles, mármoles en los suelos de presencia geométrica y espejos verticales cubriendo las paredes, conformando un salón egregio y trasnochado, donde pudo haber valses en esa «Belle epoque» que Granada no tuvo, pero que bien pudiera ser centro de atención para un romanticismo decorado en neoclásico, con sus grandes arañas de cristales prismados, sus Famas y Cariátides flotando en el ambiente, y un sueño rigodón perdido, ya lejano, que nunca se entonara, ni siquiera en cuplés del pequeño escenario montado sobre frágiles dinteles de la puerta, en que alegres mozuelas, diríase animadoras, canzonetistas, tonadilleras, y otras tantas figuras de retórica musical, hicieran las delicias de los tantos catetos que llenaban la sala en las horas del pase, al pico de las ocho, y más tarde, a las diez, sábados y domingos.

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    Un viento que viene de Emaús Por: Esteban de las Heras Balbás 10,58

    Emprendo este largo y extraño viaje para limpiar las telarañas del olvido, aunque presiento será tan estéril como la miel para los perros o como los suspiros de madrugadas en alcobas vacías. Las cosas que aquí cuento son de otra era y de otros aires. Doblemente viejas, por tanto. Son unos brochazos en el paisaje del alma que cambia con los días y solo se termina con la muerte. A veces, los pinceles siguen deslizándose por el lienzo de esas vidas acabadas, que se resisten a morir del todo. Y de eso va este libro. Quizá me repita a veces o puede que queden lagunas sin rellenar, pero lo que os voy a contar es casi todo cierto. De muchas de esas cosas la gente que vivió mientras ocurrían no llegó a enterarse. Incluso si alguien de vosotros lo cuenta por ahí, dirán que son fantasías o fábulas, pero no los creáis. Las personas que nieguen lo que aquí se cuenta son en realidad fantasmas que no han sabido vivir la vida que la Naturaleza les regaló, ni descubrir la belleza de la memoria. Son zombis en una sociedad que renunció a su intimidad y sus secretos cuando se metieron de bruces en las redes sociales y les entregaron su libertad.

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    De la renuncia de José Gutiérrez Por: Sultana Wahnón 10,58

    Aunque lleva su mismo título, este trabajo no trata solo sobre el poemario titulado De la renuncia, sino sobre el motivo que le dio nombre: la renuncia de José Gutiérrez. Mi primera intención fue centrarme en el análisis de este concreto libro, en homenaje a los treinta años que han transcurrido desde que vio la luz en 1989, pero el curso de la investigación me fue haciendo prestar atención a los libros anteriores del poeta. Mucho menos conocidos que De la renuncia y que el más reciente La tempestad serena, estos libros, cuatro en total, fueron publicados entre 1976 y 1980 con los siguientes títulos: Ofrenda en la memoria (1976), El cerco de la luz (1978), Espejo y laberinto (1978) y La armadura de sal (1980). En el momento de su aparición fueron muy bien recibidos por la crítica, que reconoció enseguida a su autor como una de las más firmes promesas del panorama poético de finales de los setenta, justo cuando empezaba a agonizar la estética representada tanto por novísimos como por culturalistas. A pesar de su juventud o quizás debido a ella, Gutiérrez fue saludado como uno de los poetas llamados a renovar la poesía española en sentido romántico e intimista, es decir, en exacta oposición a lo que todavía predominaba en aquellos años, la poesía neovanguardista e intelectualista de la generación del sesenta y ocho.

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    Bajo el árbol de la memoria Por: Jacinto S. Martín 10,58

    El cuento es un género narrativo distinto de la novela larga o corta. Hay muchísimos cuentos más largos que novelas cortas, aunque los cuentos suelen ser de menor extensión que estas.

    «Entre el cuento y la novela no hay ninguna similitud más allá de que sean ficción en prosa. Ninguna. Sirven para cosas distintas, hacen cosas distintas». «Un cuento captura emociones o movimientos de nuestra sensibilidad tan pequeños que si los tratáramos de apresar con una novela se irían, se escurrirían». Esta es la opinión del escritor colombiano Juan Gabriel Vásquez (Bogotá, 1973) que regresa a los relatos cortos con Canciones para el incendio (Alfaguara, 2018), el género con el que dio un salto de calidad 17 años antes con Los amantes de Todos los Santos (Alfaguara).

    Para el autor, la escritura de ficción parte de la curiosidad por las historias ajenas: «Hay cierta voracidad por la vida oculta de los otros. Esa idea de que todo el mundo tiene secretos, tiene misterios… Y la ficción es la manera que hemos inventado para sacar esos misterios a la luz».

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    Antes de la renuncia Por: José Gutiérrez 10,58

    En muchas ocasiones, el ejercicio de lo poético no ha de plasmarse necesariamente en una hoja en blanco. El silencio puede tener el mismo valor que un poema o un verso imperecedero, aquel que se persigue denodadamente. Como ha postulado Rafael Guillén, «no es lo mismo ir de poeta por la vida que vivir en estado de poesía». Una de las cosas que siempre he admirado de José Gutiérrez es que no «va de poeta por la vida», en el sentido de que no adopta apariencias que lo muestren ante los demás como un ser exclusivo, presuntamente original o poseedor de una sensibilidad singular. Su forma de ser va pareja a su poesía, cercana, cálida y absolutamente verdadera. Creo que tiene muy presente la máxima de Juan de Mairena de que «no es lo mismo pensar que haber leído». Entre la vida (el pensar y el sentir) y la cultura literaria (la mera acumulación de lo leído), para Gutiérrez siempre prevalece lo primero como algo incuestionable.

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    Rastros lectores Por: Wenceslao Carlos Lozano 10,58

    He reunido en este volumen una serie de textos de tema literario, en su mayoría reseñas aunque también de otro tipo, dispersos en revistas culturales desde bastantes años atrás, diez de ellos en El fingidor, esa tan añorada publicación de corta pero esplendorosa vida (1999-2007) creada por José Gutiérrez y hoy elemento ineludible del patrimonio cultural y documental de la universidad y de la ciudad de Granada. De tantas recensiones publicadas en las últimas décadas, he rescatado algunas que podrían conservar hoy cierto atractivo de lectura, descartando de entrada las dedicadas a sesudos estudios académicos a la vez que ciñéndome al espacio máximo que concede esta hermosa colección de Mirto Academia, de ahí que otro criterio de selección haya sido la relación de amistad o la afinidad electiva, según los casos, incluso en detrimento de títulos más literarios. La confluencia aquí de una decena de autores granadinos es, de por sí, prueba suficiente de una buena sintonía vecinal.

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    No todos los versos tienen héroes Por: José Antonio López Nevot 10,58

    Firmes propósitos para el verano

    El curso llegaba a su fin, y Luciérnaga me había abandonado por otro. Su luz ya no iluminaría mis noches, pensaba, me quedaría a oscuras con el antiguo dolor, preguntándome por la forma de los ojos de mi amada. La penumbra lapidaría mis sienes, y un estruendo de cascada resonaría en el lago sin fondo del insomnio.

    Como todas las mañanas, me encaminé a la universidad. Sentado en el aula, y mientras el profesor Exitus exponía la teoría del conocimiento de Louis Althusser, evoqué mi pasado con Luciérnaga. Durante aquel invierno, Luciérnaga había sido mi única compañía: vestida con su inconfundible abrigo de cuello de astracán, la veía emerger de la muchedumbre indistinta y acudir a mi encuentro como una ágil Artemisa sobre veloces patines; luego entrelazaba los dedos de mis manos con los suyos y nos dirigíamos al lago helado, donde patinábamos juntos hasta el mediodía. Comíamos en un bistro a orillas del lago y, poco después, nos apresurábamos hacia su casa, porque el crepúsculo caía sobre la ciudad con la rapidez de una nube de tormenta. Los días invernales eran tan breves en Arkadia, que apenas disponíamos de unas horas de sol; muy pronto, la noche se adueñaba de las calles con su avanzadilla de sombras, obligando a los transeúntes rezagados a correr hacia sus casas, como si un pavoroso toque de queda lunar regulase la vida de los hombres. Desde los comercios más lujosos, hasta las tabernas más miserables, todos los negocios cerraban a las tres de la tarde. Incluso los prostíbulos se quedaban vacíos a aquella hora. Yo, sin embargo, podía enorgullecerme de pasar las noches infinitas en compañía de la mujer amada, en la casa de sus padres, que parecían tolerar nuestra relación, pues mi presencia ofrecía cierta seguridad frente a la negrura absoluta.

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    A. de Santos y M. Arenas. La ironía como compromiso Por: Fco. Gutiérrez Carbajo 17,31

    Convocado por los ayuntamientos granadinos de Albolote y Valderrubio, y organizado por el Aula de Artes Escénicas de Karma Teatro, el V Seminario Internacional de Estudios Teatrales «Alonso de Santos y Moreno Arenas: la ironía como compromiso» se celebró los días 29 y 30 de noviembre de 2018. El Auditorio del Centro Sociocultural Fernando de los Ríos, de Albolote, y el Teatro de la Casa-Museo Federico García Lorca, de Valderrubio, fueron los recintos seleccionados para la celebración de los actos programados.

    El Seminario alcanzó un altísimo nivel, con importantes aportaciones, como la del doble concepto de ironía (retórica y filosófica) defendida por Adelardo Méndez Moya, el interrogante de este estudioso acerca de si la ironía era la escenificación de lo opuesto o si había algo más, el «sentimiento cómico de la vida» del que nos habló Marga Piñero al referirse al teatro de Alonso de Santos, la cuestión de la revalorización del autor expuesta por Liz Perales, los porqués de la ironía y del compromiso en el teatro indigesto de Moreno Arenas y en las obras de Alonso de Santos, las magistrales conferencias de los dos dramaturgos, diversas pero no opuestas, sino complementarias, la excelente intervención de Mariano de Paco Serrano y las del resto de los ponentes, etc.

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    Espacio interior Por: José G. Ladrón de Guevara 12,50

    En Espacio interior (Poemas para Concha Girón), primero de los dos libros póstumos que he preparado destinados a recoger la poesía que dejara inédita José G. Ladrón de Guevara tras su fallecimiento en Motril el 3 de marzo de 2019, ofrezco la mayor parte de la poesía amorosa que éste escribiera para una destinataria específica: Concepción Girón Ballesteros, tan familiar como cariñosamente nombrada en los poemas ya Concepción ya Concha ya Conchita ya «amante mía». Este nombre es el de la esposa del poeta, principio y fin de su dedicación poética desde la primavera de 1990, con quien habría de contraer matrimonio civil el 23 de abril de 1994, en Albuñuelas. En este sentido y para mayor concreción, el arco temporal de escritura de los poemas aquí editados se sitúa entre el 6 de junio de 1990 y el 12 de mayo de 1993, casi tres años de sostenida creación poética, con su debida disposición y presentación material para su entrega, como ahora diré, con el objetivo de conmover y atraer a la causa del amor a su destinataria, lo que, claro queda, consiguió.

    Antonio Chicharro

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