Palabras Mayores (108)
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    Nadie se acuerda de entonces. Ni tan siquiera delas palabras que explotaban cerca de nosotros,entre sangre y ventiscas, cubriendo huecos de lejanía…..Sigue Leyendo

    Maderas de oriente Por: Rafael Rodríguez 7,69

    Nadie se acuerda de entonces. Ni tan siquiera de
    las palabras que explotaban cerca de nosotros,
    entre sangre y ventiscas, cubriendo huecos de lejanía
    a golpes por la madera o heridos de luz.

    El poeta va disfrazando pájaros, helechos sin frío
    y líneas marginales al estreno del labio. Y surge
    el miedo de escribirse en sus versos.

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            EXTRAÑOS EN UN BARLa encontré una tarde de lluvia y poesía,solitaria, en el bullicio de un bar,…..Sigue Leyendo

    Hablando de amor con el cobrador del frac Por: Rafael Calero Palma 7,69

    EXTRAÑOS EN UN BAR

    La encontré una tarde de lluvia y poesía,
    solitaria, en el bullicio de un bar,
    sentada, supuse, ante una taza de té.
    Vestía de negro y parecía perdida
    buscando el camino de vuelta
    entre el humo azul de su último cigarrillo.
    Pensé: me gustaría ser su ángel de la guarda.

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                  ERIALBuscas el verso que en la boca ponela exacta dimensión de las palabras,…..Sigue Leyendo

    Del corazón y la experiencia Por: Juan J. León 10,58

    ERIAL

    Buscas el verso que en la boca pone
    la exacta dimensión de las palabras,
    el nombre de las cosas,
    y encuentras el clamor de los barrancos,
    el eco que rebota y se extermina.

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    El ruiseñor es un viejo cómplice de la poesía. Convierte su soledad en canción y transforma la fragilidad…..Sigue Leyendo

    Pequeñas verdades Por: Jesús Cabezas Jiménez 6,73

    El ruiseñor es un viejo cómplice de la poesía. Convierte su soledad en canción y transforma la fragilidad de su canto en un secreto sonoro, y con los ojos, que puede colarse por cualquier ventana para espiar la realidad. En las Pequeñas verdades de Jesús Cabezas Jiménez, aparece también el ruiseñor. El poeta pregunta por él entre sus compañeros de trabajo y nadie llega a responder, ningún compañero comprende el sentido de su voz. Como ocurre siempre en la poesía, los símbolos se cargan de significado, apuntan en dos direcciones, matizan y enriquecen el sentido humano de los acontecimientos. La voz desatendida del ruiseñor habla de la soledad del poeta, del aislamiento que a veces conmueve el corazón del individuo que se empeña en conservar aquellos valores de vida y de conciencia olvidados por la sociedad.

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    Una vez conectado por la palabra al metafísico silencio de todos los mundos presentidos (porque son),…..Sigue Leyendo

    Límites Por: Rafael Guillén 7,69

    Una vez conectado por la palabra al metafísico silencio de todos los mundos presentidos (porque son), el hombre (el poeta) se sabe vivo —es— y vibra creciendo en el combate de los versos por el que ganará finalmente sus restitución al origen, como si en ese impreciso instante el dedo índice del tiempo por fin le insuflara su luz a los seres posibles y a todo lo inexistente que, por no ser, se hace carne incorruptible de su alma en el vasto territorio que imagina.

    He aquí la verdadera poesía: la que nace “del conocimiento y del asombro”, según declaraciones del propio Rafael Guillén a José Espada Sánchez.

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    VISIÓN DEL FIN              IComo sombras,…..Sigue Leyendo

    La casa del aire Por: Miguel Ávila Cabezas 7,69

    VISIÓN DEL FIN
    I

    Como sombras,
    como ríos sin llanto,
    como escaleras mudas que presencian,
    cansadas,
    su soledad de siglos,
    esquinas al fondo
    que atrás no vuelven la mirada
    porque ignoran, porque huyen del próximo
    peldaño antes de haberse visto allá –hundidos–:
    campo yermo y desierto, sombra o luz…

    Como ríos que escapan, sedientos,
    siempre van hacia el norte al que temen,
    hacia el centro final donde el origen
    sin tiempo fue (¡ellos!, ¡ellos!),
    anegado de fuego,
    quieto cauce en la noche,
    amanecer de muerte ante el espejo.

    Van…
    Andan huellas sin rumbo,
    persiguiendo la sangre frente al miedo.

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    A todos los que fuimos,a todo lo que creímos ser,sobre todo canto, escribo…Sigue Leyendo

    Biografía de un desconocido Por: Antonio Nadal 9,62

    A todos los que fuimos,
    a todo lo que creímos ser,
    sobre todo canto, escribo
    en esta ciudad desconocida
    la de calles frías y adoquines
    recordando donde se cruzan las pisadas
    como ecos eternos, semejanzas del pasado.

    Un lugar verde de agua
    y entre ruidos, la soberbia.
    Meso los ensortijados
    cabellos de aquella mujer sin cabeza.

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    1 ENEROVivirmedir la danza oculta del ser,…Sigue Leyendo

    5 sobre 5
    Alrededor del sol Por: Fernando Blanco Inglés 10,58

    1 ENERO

    Vivir
    medir la danza oculta del ser
    con la cuerda invisible del amor.

    18 ENERO 1925

    Amar
    con la vena abierta
    de par
    en par
    y
    la sangre llamando
    a todas las puertas

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    Narra Plutarco cómo Alejandro Magno lloró sobre la tumba de Homero lamentando amargamente la ausencia de un cantor digno de sus hazañas.


    El águila en el tabernáculo Por: Inés María Guzmán 7,69

    Narra Plutarco cómo Alejandro Magno lloró sobre la tumba de Homero lamentando amargamente la ausencia de un cantor digno de sus hazañas. Pasado el primitivismo del origen, el de la primera poesía rapsódica, de espíritu arcaico y dominada por el acontecimiento real y fatídico (el canto de victoria de Judith sobre Holofernes, las palabras en el regreso de David con la cabeza de Goliath, la canción de la poetisa Telesila llamando a las mujeres a las armas para salvar a la ciudad de Argos, o Solón, entusiasmando a los atenienses para la conquista de Salamina…), el cantor se aleja del instante presente, se vuelve hacia el pasado y lo transfigura a la luz de lo contemporáneo; así eleva ese presente contemplando a los héroes antiguos, presenta el ideal perdido como realidad y da expresión al grado histórico, naciendo la conciencia de tradición. Homero ya describe un mundo desaparecido, Hesiodo narra en la Teogonia el nacimiento de los dioses, Isaías un mundo perfecto, con imágenes similares a las de Hesiodo, en bien del Estado del Dios mesiánico.

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    Algo queda después de tanta pena. Habla un hombre. Soy yo: José García. Y algo es alguien que vive todavía, a favor de su nombre, cuando suena.


    A tus manos me entrego Por: José G. Ladrón de Guevara 11,54

    Algo queda después de tanta pena. Habla un hombre. Soy yo: José García. Y algo es alguien que vive todavía, a favor de su nombre, cuando suena.

    Cómo duele la vida. Pero es buena, si algo queda después de cada día. Algo: un libro, un golpe, una alegría, una mano, un verso u otra pena. Porque, os digo, mi vida es una guerra y aunque acabe rindiéndome a la tierra yo no voy a entregarme por completo.

    Algo queda, después de cada hombre. Algo, acaso, tan poco como un nombre enterrado a la sombra de un soneto.

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    No sé si porque he sido siempre un romántico sin remedio curativo posible o porque siento una especial debilidad por las personas que un día tuvieron que abandonar con todo


    Spelugges Por: José Luís García Herrera 7,69

    No sé si porque he sido siempre un romántico sin remedio curativo posible o porque siento una especial debilidad por las personas que un día tuvieron que abandonar con todo el dolor de su corazón y para siempre su patria chica —durante mi infancia perdí a muchos de mis amigos cuando sus padres se vieron en la imperiosa necesidad de emigrar a Madrid o Barcelona en busca de un futuro mejor—; o motivado, tal vez, porque mi padre tuvo que ausentarse la mayor parte del año durante toda su vida laboral —lo que en su época prácticamente correspondía a su vida entera— de su hogar y de su gente, cada vez que conozco de cerca la figura de un emigrante, instintivamente me uno a su causa y a su soledad. Emocionalmente me hago uno de ellos, siento su dolor como si fuera el mío propio. Con este sesgo afectivo me acerqué a la figura de José Luis García Herrera. Antes de conocerlo personalmente, ya lo había soñado en mi corazón. He de confesarlo abiertamente antes de seguir adelante, por una pura cuestión de honestidad personal. Más tarde, cuando leí sus versos y disfruté con ellos, supe además —en realidad, alcancé la certeza— que palpitaba dentro de sí un portentoso poeta.

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    La peculiar estructura de la poesía de Belén Juárez presenta un riesgo cierto y una indefensión probable: el riesgo de que el lector la identifique con la escritura automática,


    La noche de ayer Por: Belén Juárez 5,77

    La peculiar estructura de la poesía de Belén Juárez presenta un riesgo cierto y una indefensión probable: el riesgo de que el lector la identifique con la escritura automática, y en consecuencia cierre el libro que minutos antes, por curiosidad, lo ha abierto; y la indefensión: es bastante probable que sus claves precisen un periodo dilatado para su interpretación correcta, de lo que se desprende que ni aun los críticos podamos ofrecer, estemos en disposición de dar, un código plausible que ampare esta visión del mundo, esta (re) construcción de la realidad, privativas de su poesía.

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    ¿Por qué siempre me dices nada?
    La posesión del aire me prometes y me dejas de hinojos sobre el gélido barro. También preciso yo, errante como el humo, del fuego y de su atmósfera,


    Heredero del aire Por: Ignacio Caparrós 10,38

    ¿Por qué siempre me dices nada?

    La posesión del aire me prometes y me dejas de hinojos sobre el gélido barro. También preciso yo, errante como el humo, del fuego y de su atmósfera, la mano que lo avive y lo repose, lo deje palpitar en sus rescoldos.

    Siempre me dices nada si me abraso. y si entrego mi voz al confuso ruido, por qué la asfixia el ácido sigilo?

    ¡Cuánto cuesta construir un hombre! Me dices nada y encadenas mi libertad de nube a tu apatía, mi vigor a tus aires amputados y me das la certeza de que un hombre es su angustia, su agonía de estrella que en el cosmos no sabe que arder, si se arde, es para ser pavesa.

    ¡Aprenda yo del fuego su crepitar interno! Tal vez su ardor me diga cómo tallar el hielo del silencio que soy.

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    “Un viaje de cristales al interior de las ruinas”: Edades de la sonante espuma traza nuevamente la ruta del viaje reiterado ala conciencia del tiempo íntimo que es la poesía de Antonio Piedra.


    Edades de la sonante espuma Por: Antonio Piedra 7,50

    “Un viaje de cristales al interior de las ruinas”: Edades de la sonante espuma traza nuevamente la ruta del viaje reiterado ala conciencia del tiempo íntimo que es la poesía de Antonio Piedra. Las tres partes en que se divide el libro son otras tantas formas de representar este viaje. El primero, un emocionado y trágico diálogo con la propia voz en antiguos poemas (nueve, precisamente) que el azar pone ante los ojos de quien los escribió, treinta y tantos años más tarde. En el centro, las reflexiones sensitivas de unos recorridos por la Habana, oscuros de soledad y soleados de homenajes particulares. Finalmente, la reflexión sobre el mar definitivo a la que sirven de leve filtro distanciador las citas de Luis de Góngora y de Yehuda Ha-Levy. Es, pues, la literatura, la propia y la ajena (frondosa cita de nombres: Pessoa, Atencia, Góngora, Pino, Carilda, Juan Ramón, crespo, Ha-Levy), la que aporta un marco, sólo ligeramente distanciador, que centra la permanente intensidad con que se contempla lo vivido en el núcleo mismo del libro, esa Habana (la del eros y el ágape tanto como la de lo íntimo y lo social) representada y evocada, en algunos poemas, desde una Castilla tan diferente, aunque no menos viva y desbordante de sensorialidad y sentimiento.

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    El adolescente escucha conmovido a su sexagenario antecesor. El glorioso jubilado se interrumpe, mira a su alrededor abarcando los ficus gigantes,


    Abalorios Por: José Luís Vidal Carreras 7,50

    El adolescente escucha conmovido a su sexagenario antecesor. El glorioso jubilado se interrumpe, mira a su alrededor abarcando los ficus gigantes, el cielo colosal de la tarde granada, el tráfago de hombres y mujeres que se cruzan…, y exclama: “ ¿ y todo esto…?”

    La pregunta trunca, su mueca de estupor, sus hombros alzados, en suspenso unos instantes, fascinan… Entonces, del tótem escéptico, surge una sonrisa acariciadora para el nieto, que aguarda, en vano, la respuesta.

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