Mirto Academia (81)
  • img-book

    Concierto triste para trío y coro Por: Miguel Arnas Coronado 10,58

    Silenciosa, lenta y sibilina, observa al gazapo que la mira embelesado, aturdido, con la inmovilidad de una raíz. Le bastará un rapidísimo abalanzarse y, tras forcejeo desesperado y estertor, tomarse todo el tiempo del mundo para engullirlo y hacer la digestión. Lenta, sibilinamente. El aire retiene el aliento.

    Es él quien lo ha impedido y en voz baja, como quien reza, pide perdón a la serpiente por haberle hurtado su desayuno o tal vez almuerzo, quién sabe. Saltó el gazapo y la culebra se retiró en sentido contrario con toda la rapidez de la que fue capaz. La ha visto escabullirse entre el matorral. Otro la perseguiría. Él se sienta y piensa. Lo ha impedido a conciencia: vio la escena antes de que ambos, presa y predador, lo vieran a él, demasiado concentrados en sus respectivos cometidos, y ha corrido hacia ellos dando palmadas. Le ha dado pena del diminuto conejo, quizá en su primera salida del agujero, despistado en afán juguetón. Sin embargo, él sabe que también debería haberse compadecido de la culebra y no actuar, quedarse quieto como todo el entorno, cielo, árboles, matojos, viento. O debería haber matado al reptil que hará gritar a las señoras paseantes por estas trochas, asustadas por algo que temen y desean a la vez: un espectáculo, el ondear de una serpiente e incluso a veces el enfrentarse siseando al humano cuando se asusta, un espectáculo que confían presenciar aunque les repugne, pues es algo que jamás verán en su cotidiano vivir de ciudad. Por eso, piensa, quizá convendría matarla y no matarla a la vez, que se comiera al conejo y no se lo comiera, que se quedara allí digiriendo bajo el sol y que al mismo tiempo huyese culebreando por entre los matojos. Dos mundos, pero ¿acaso la vida no consiste justo en eso, dos mundos?

  • img-book

    Tenue armamento Por: Ángel Olgoso 10,58

    Como es bien sabido, cuando uno empieza a analizar sus propios escritos emprende un camino que puede llevar a la locura. Baste decir, por tanto, que en el florilegio de este pequeño volumen reúno algunos de mis textos de no ficción; una serie de migajas que se me han ido cayendo a mi pesar entre la escritura de libros, proyectos y peticiones amistosas; piezas condenadas a una muerte instantánea, dichas en voz alta y escuchadas una sola vez, como la proclama; piezas anfitrionas que sufren también propensión al desvanecimiento, como las presentaciones literarias (ese género galante en el que –según Iwasaki– unos disfrutan introduciendo y otros al ser introducidos) para decir de un autor o de su obra; piezas a las que se les otorga algún cobijo impreso, como los prólogos, los epílogos (esos ejercicios impecables de cobardía), las reseñas, las entradas de blog, las poéticas, los comentarios críticos o las cartas. Baste decir que tuve presente ese afilado axioma de Proust («Una obra en la que hay teorías es como un objeto en el que se deja puesta la etiqueta») y que esta ecléctica miscelánea de papeles menores –unos conocidos, otros difíciles de encontrar o simplemente inéditos– se limita a dibujar una nada intencionada poética, la efímera sombra de la escritura, del juego de crear; materializa sin querer un corpus de motivos, entusiasmos, obsesiones y encargos, vestigios de la fiebre del letraherido; tiende puentes a un territorio particular donde las fronteras se borran, a un gabinete de curiosidades, las del mismo autor. Baste decir, usando la terminología de nuestro académico y patafísico de espíritu Antonio Sánchez Trigueros, que acaso lo que extiendo ahora en el mostrador de estas hojas no sea más que mi propia bisutería literaria o mi manuario de escoria.

  • img-book

    Antigüedad y trad. en las letras inglesas Por: José L. Martínez-Dueñas 10,58

    Los contenidos del presente volumen son varios y diversos pero forman un conjunto que pertenece a mis intereses más personales dentro del estudio de la lengua inglesa y, sobre todo, de sus letras. Sirva esto de advertencia para evitar malentendidos en su posible lectura, pues no pretendo revelar nada nuevo ni aportar originales opiniones. Mi ánimo es simplemente exponer, y si fuere posible compartir, unas lecturas que considero fundamento de un tiempo y de un espacio.

    Al incluir en el título que se trata de antigüedad y de tradición tan sólo ha de entenderse esto para explicar cómo obras de distintas épocas siguen unas claves de continuidad y muestran el origen y el desarrollo de una lengua, de unos significados y de unas tesituras vitales y de época en diversas etapas. En general, se trata de unos ejercicios de estilo y de reflexiones que he llevado a cabo, con mayor o menor fortuna, en diversos momentos. En realidad son parte de estudios para clases y seminarios que no llegué a dar por diversas razones en su totalidad, aunque algunos de éstos ahora ya convertidos en capítulos sí fueron objeto de exposición pública, al menos en cierto grado.

  • img-book

    Viaje a Canarias y el resto de la Península Por: José Vicente Pascual 10,58

    La última década quedará ya para siempre significada como una de las más complicadas de la historia contemporánea española, por razón de la tremenda crisis económica aflorada a mediados de 2006 y manifestada en toda su virulencia a partir de 2008. A dicha vicisitud, tan dura y difícil de sobrellevar por muchos de nuestros compatriotas, siguió, por pura y humana lógica, una crisis social e institucional que ha puesto en entredicho la solidez de nuestras bases convivenciales. Ni la economía ni la política son lo que eran —posiblemente nunca lo vuelvan a ser—, y la relación de los ciudadanos con el Estado tardará mucho tiempo en restablecerse sobre el tono de colaboración y confianza que, por lo común, imperaba antes de todo diera impresión de desmoronarse.

    Justo durante los años más duros de la crisis, el autor residió en distintos lugares de España, por motivos laborales: Granada, León, Barcelona, Sevilla, Carmona, La Coruña, Mallorca, nuevamente Barcelona y, como punto final, Tenerife. Este casi permanente estado de provisionalidad entre unas ciudades y otras, le brindó la oportunidad de conocer el pulso de los días en lugares muy distintos y en época tan compleja. Sobre tal experiencia fundamentalmente —aunque no exclusivamente—, con un acento que se pretende amable y esperanzado, versa el presente ensayo: cómo se vivió y sobrevivió a aquellos tiempos difíciles en enclaves muy apartados de la geografía española, incluidos los territorios insulares.

  • img-book

    Mito e invención en la poesía de Pedro Soto de Rojas Por: José I. Fdez Dougnac 10,58

    En abril de 1621, Felipe IV, una semana antes de cumplir los dieciséis años, sube al trono tras la muerte de su padre. Olivares era ya la sombra que adoctrinaba y guiaba al rey: su poder no sólo alcanzaba las más recónditas estancias de la Casa Real sino que se expandía por los complejos recodos del gobierno de la nación. En la década de 1620, el Conde Duque se propone inicialmente las mismas metas que los Reyes Católicos y Felipe II: «la defensa de la fe y la inalienable autoridad de la corona»; y puesto que estas prioridades se encuentran en peligro, por la nefasta herencia del anterior valido, el Duque de Lerma, se ve en la obligación de adoptar dos nuevos objetivos: la reforma y la restauración de gran parte de la configuración del Estado.

    Fue, por tanto, este periodo un tiempo de exaltación y cambios, la «etapa entusiasta», como la llamara Gregorio Marañón, que contó incluso con un gran respaldo popular. «Docenas de hombres desconocidos hasta entonces —comenta R. A. Stradling— pasaron a ocupar puestos no sólo en la Casa Real, sino también en el Gobierno, la administración pública y las fuerzas armadas»…

  • img-book

    Antología de la derrota Por: José Rienda 10,58

    Llovió poco y las últimas / hojas verdes que aún tiemblan en los árboles / son tan solo un paisaje / para otros bosques más lejanos. Tú, / porque eres quien transita amanecidas / las páginas en ti bajo los ojos, / apurarás la copa del otoño / cuando incendie la vieja soledad, / el dolor que desvive en la impaciencia / de sabernos al borde del suicidio / y la tarde templada / herida en lentitud hacia la historia.

  • img-book

    Ante un pozo de plata Por: Antonio Carvajal 10,58

    Decidieron las brisas aprender armonía para arrullar al niño en sus lentos insomnios sin luna. Acudieron a los montes vecinos que sólo les prestaron blandos ecos, susurros de ramones por los olivares, lamentos de barrancos y arroyos desnutridos. Acudieron al río, a veces turbulento, fuera de madre, enajenado y turbio; a veces manso, transparente y silencioso como los espejos donde las mujeres felices evocaban su doncellez desnuda de fantasías. Quisieron unir las altas estrellas con su imágenes en los pozos hondísimos y foscos, pero no les cabían las zarpas de la Osa, el expandido vuelo del Cisne, el gélido aliento de Arturo; sólo con plenitud les cupo Vega y, comprendido su error, se humillaron entre las crespas hojas de las remolachas, no se atrevieron a levantarse sobre las flores del tabaco, aprendieron arrullos de las hojas del maíz y suspiros de los rosales. Para elevar sus voces a los cielos, el chopo les dictó posturas y lecciones: las raíces en tierra, el tronco un recto impulso hacia la luz más alta, de cieno a luna, de vega a Vega.

  • img-book

    El burro del Cardenal Por: Eduardo Castro 10,58

    Mi buen amigo El Hechizado me repitió muchas veces que debajo de la evidente piel de periodista, en sus variantes de reportero, viajero, cronista e investigador, Eduardo Castro dejaba al descubierto una imagen genuina de narrador, de narrador de raza, y siempre estuve de acuerdo con ese atinado juicio, al que en los últimos años me permitiría añadirle su no menos interesante vena de poeta. Yo tuve la suerte de asistir a su epifanía de novelista, cuando, como jurado, pude descubrir bajo el seudónimo que era el autor de la novela La mala conciencia, ganadora en 1978 del premio «Ángel Ganivet», que entonces convocaba la Universidad de Granada; una buenanovela muy comprometida social y críticamente, de consistente y compleja composición narrativa con sólida base ideológica y dialéctica; una novela que prometía mucho.

    Vinieron después los tiempos de absoluta dedicación de Castro al periodismo en todas sus posibilidades, estilos, variantes y espacios, donde sin duda la dedicación narrativa siempre estaba presente, pero sus afanes específicamente literarios siguieron creciendo lentamente, en silencio, en un trabajo paciente de laboratorio, que afortunadamente salió a la luz en el año 2003 con la primera edición de El burro del Cardenal, que tuve el placer de presentar a la sociedad literaria granadina, y que ahora reedita la Academia de Buenas Letras de Granada con una importante incorporación de nuevos textos.

  • img-book

    En el hueco de su mano Por: Pedro Enríquez 10,58

    ¿Qué viniste a buscar?

    ¿Acaso tiene nombre la búsqueda?

    Pedro Enríquez abre con estos dos versos una larga conversación con lo inasible. ¿Cómo hallar las respuestas? ¿Qué camino tomar cuando lo guía un poderoso apremio por saber y la trayectoria de un largo viaje por países exóticos y lugares conocidos sin otra brújula que la poesía? Tiene una certeza: En el principio fue la Palabra, / el hombre inventó el silencio. Y será la palabra, llave maestra, la que guiará sus pasos de ciego.

  • img-book

    Valle de amapolas Por: Enrique Morón 10,58

    Estos poemas, que hoy rescato del olvido, están escritos entre 1972-1977, años en los que decidí hacer la carrera de Filosofía y Letras, y en los que aparqué mi obra literaria para que no interfiriera en mis estudios. Al continuar de nuevo mis publicaciones —Bestiario (Ámbito Literario, Barcelona, 1979)— ya dormían estos poemas en una estantería de mi biblioteca de Cádiar el sueño de los justos.

    Y así pues, cuando la Academia de Buenas Letras de Granada, a la que pertenezco, me propuso una nueva publicación en su colección Mirto Academia, pensé en aquellos textos que tan silenciosos permanecían en mi casa del pueblo. Hice una selección de aquellos viejos poemas y, tras sacarlos a la luz para que se oreasen con el aire de los nuevos tiempos, te los entrego, lector, confiando en la benevolencia de tu juicio.

  • img-book

    Nuevas mariposas negras Por: Fernando de Villena 10,58

    La pena, una pena infinita que no parecía ofrecer rendija alguna a la esperanza, embargaba el ánimo del padre Juan Francisco Domínguez aquella mañana briosa y fresca de 1767 en la que se embarcó hacia Europa. Fulgían ya a lo lejos las cúpulas y las torres de Cartagena, la tercera Cartago, la que se alzó en las Indias. Brillaba el océano de intenso azul y rampante en numerosas crestas, el amplio mar que ante la fuerte nao se abría como aquel antiguo ante la vara de Moisés. ¡Cuánta hermosura, Señor! Pero él de nada se gozaba, de nada podía aprovechar ahora con este desgarramiento, con este dolor brutal e incomprensible por la apresurada partida. Que todos los hermanos de la Compañía de Jesús han de abandonar este reino dispone una noche de ebriedad un monarca o acaso sus validos sino la cortesana que lo domina, y cientos, miles y miles de personas que sienten y sueñan y se esfuerzan por servir a Dios quedan a merced de la angustia. Arrojaron primero a los judíos —se dice, mirando hacia atrás con rabia—; después a los moriscos y ahora a nosotros. ¡Qué solas se van quedando estas Españas con lo peor de ellas mismas! ¡Qué llenas de ruinas y voces del pasado! ¡Qué muertas!

  • img-book

    Ya toda me entregué… Por: Amelina Correa Ramón 10,58

    La personal interpretación del «Vivo sin vivir en mí» teresiano que nos ofrece su discípula y compañera de Orden, Gabriela Gertrudis de San José (1628-1701), en el texto reproducido, nos muestra un eslabón más de una larga y centenaria cadena, donde se revela la fecundidad y vigencia de la mística femenina, un fenómeno que tiene entre los siglos XII y XVII su momento de esplendor. En diversos grados, con diferentes manifestaciones, a lo largo de toda Europa numerosas mujeres van a vivir —y a dejar un reflejo en la escritura, bien directa o bien indirectamente—, de una vivencia suma y arrebatadora que transformará sus vidas y, con frecuencia, las de su entorno. Se trata de un fenómeno en el que «El protagonista absoluto […] es una ausencia que se hace presencia, la de Dios, a quien escucha la mística y de quien transmite lo que predica, lo que responde y lo que deja sentir»

  • img-book

    Hechos y desechos de San Romerito Por: José Moreno Arenas 10,58

    Dejad que hable el estúpido

    José Moreno Arenas recurre a tal frase para caracterizar la acción y las expresiones orales de pensamiento de algunos de sus personajes, en especial este San Romerito, protagonista absoluto del presente volumen.

    «Por sus actos los conoceréis», podríamos parafrasear el versículo bíblico a propósito del título de estas páginas introductorias. Claro, porque… ¿Qué dice el estúpido? Pues estupideces, como no puede ser de otro modo, al igual que el loco locuras, el tonto tonterías y el gilipollas gilipolleces. Sus opiniones y argumentaciones revelan por sí solas la condición del personaje, su esencia, sin necesidad de un contrapunto dialogal explícito, sin precisar recurrir al otro… Puesto que este no es sino el receptor. La perspectiva racional y razonable, guiada por el sentido común, la aporta el lector y el espectador, en su oposición a lo que se plantea desde el texto dramático.

  • img-book

    Páginas con alma Por: José Lupiáñez 10,58

    Muy en la línea de mis libros anteriores para esta colección de Mirto Academia, prosigo aquí con otra selección de textos heterogéneos sobre poesía, novela o ensayo, concebidos en tiempos distintos y realizados por motivos diversos, pero siempre inspirados por la amistad y la devoción hacia la Literatura y el hecho creador, como ha venido siendo constante en todos ellos. La celebración del Centenario de la muerte de Rubén Darío (1916-2016) el año pasado me hizo recuperar algunos escritos sobre el maestro nicaragüense, al hilo del homenaje que rendimos a su memoria en Ávila un grupo de artistas y poetas, a finales del verano de 2016. Me refiero a la IV Edición de MonArt, celebrada en el Real Monasterio de Santo Tomás de la capital abulense del 10 de septiembre al 11 de noviembre, y en la que, bajo la dirección del maravilloso e infatigable promotor cultural que es Rafael Gómez Benito, se llevaron a cabo una serie de actos en los que se dieron la mano la música, la poesía y el arte. Esos textos dan pie al primer tramo de esta entrega y justifican, en parte, el subtítulo de la misma.

  • img-book

    El espejo de los vivos Por: Antonio Enrique 10,58

    Sé que este libro no va a gustar a nadie. Y es porque, sobre cada uno de sus planteamientos, cada cual tiene sus ideas propias, normalmente inamovibles. A unos, las mías, les parecerán ingenuas, a otros superficiales y a otros más, descabelladas. Y tendrán todos razón, seguramente. Pero, por el mero hecho de compartirlas, habrá merecido la pena. Es necesario hablar, dejar la puerta abierta a la reflexión. Si así fuera, el presente ensayo habría cumplido su objetivo. Las reflexiones aquí contenidas, no obstante, son todo menos improvisadas; de esto esté seguro el lector. He estado esperando demasiado tiempo, tal vez, para expresarlas. Son la consecuencia de numerosas lecturas, con el tiempo consiguiente para asimilarlas, y de muchas otras vivencias e intuiciones. Después de todo, tales reflexiones no aspiran sino a lo propio de la meditación: exponerlas sin prejuicios ni dogmatismos, en lenguaje desinhibido y cordial. Y en mi caso, indagar sobre el sentido profundo de las cosas, las que nos suceden y las que imaginamos. No significan más, pero tampoco menos. Dicho sea con el mayor respeto.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies