Crisálida (228)
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    «beirut – 18 –de nuestra enviada especial alicia torrente– muerte, ruinas y desolación, cadáveres despedazados con signos de tortura,


    Nunca superó lo de Beirut Por: Fernando Guijarro Arcas 9,86

    «beirut – 18 –de nuestra enviada especial alicia torrente– muerte, ruinas y desolación, cadáveres despedazados con signos de tortura, es lo que periodistas de todo el mundo han encontrado en los campos de refugiados palestinos de chatila y sabrá, donde cientos de cuerpos de mujeres, niños y ancianos yacen aun entre charcos resecos de su propia sangre. la invasión israelí de territorio libanés y el prolongado asedio a Beirut toman así ante los ojos del mundo una dimensión de genocidio, de crimen consumado ahora frente a población civil desarmada, indefensa, aunque los autores materiales hayan sido otros.»

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    Me detuve frente a él y, al pronto, fingió no darse cuenta de mi presencia. Al menos, eso creí yo. Simulaba estar muy pensativo, y, en efecto,


    Nuestras vidas Por: Ángel Quiroga 11,54

    Me detuve frente a él y, al pronto, fingió no darse cuenta de mi presencia. Al menos, eso creí yo. Simulaba estar muy pensativo, y, en efecto, tenía la mirada como perdida en lejanos pensamientos. Pero me pregunté si aquél no sería uno de sus trucos para impresionar a los clientes.

    Al fin advirtió mi presencia, y pareció transformarse de improviso en otro hombre. Nico hubiera sido, sin duda, un gran actor. Sus ojos de águila me midieron de arriba abajo, y después sonrió. La sonrisa era el arma secreta de Nico. Sonrió ampliamente, dejando al descubierto su dentadura postiza.

    Saqué una moneda y se la ofrecí. La miró primero, casi con repugnancia, y después, sin apresurarse, la cogió. Mejor dicho, se dignó aceptarla. Porque no parecía sino que me hacía un gran favor con rebajarse a aceptar mi limosna.

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    “Por encima de mi cabeza oscilaba la luna menguante, con su sonrisa estúpida apenas esbozada, como el péndulo plateado de un reloj sin tiempo. Me acordé de Papaztac,


    Muerte en Tiahuanaco Por: Ángel Quiroga 10,67

    “Por encima de mi cabeza oscilaba la luna menguante, con su sonrisa estúpida apenas esbozada, como el péndulo plateado de un reloj sin tiempo. Me acordé de Papaztac, el dios de las espumas, que le despedazó la cara a la luna con un conejo y se lo dejó impreso en ella. Y me planteé la necia interrogante de si tendría alguna relación con este hecho la divertida frase en que se hace referencia a cierta sonrisa de conejo que se adivina en el rostro inexpresivo de la Luna.”

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    “Hoy, al cabo de varios meses, cuando he bajado a recoger la correspondencia, entre los recibos de agua, electricidad y teléfono y una montaña de publicidad,


    Mis paseos con “Chica” Por: Francisco Gil Craviotto 10,67

    “Hoy, al cabo de varios meses, cuando he bajado a recoger la correspondencia, entre los recibos de agua, electricidad y teléfono y una montaña de publicidad, cada día más molesta y agresiva, he encontrado en el buzón una carta de Ariadna. Al abrir el sobre lo primero que ha aparecido es una foto de “Chica”.

    Está exactamente igual –en el mismo lugar y posición– que yo me la dejé: detrás de la verja, con las orejas enhiestas y el hocico anhelante, oteando ambos lados de la calle. ¿Será que monta guardia o que, a pesar del tiempo transcurrido, todavía sigue esperando el milagro de ver aparecer por el fondo de la calle a sus antiguos amos?”

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    Ahora que el sol de la ausencia ha incendiado definitivamente el mar resquebradizo de mi cerebro y que ya no se muestra frente a mí otro horizonte que no sea el de la soledad y el desasosiego,


    Aguas salobres Por: Miguel Ávila Cabezas 7,50

    Ahora que el sol de la ausencia ha incendiado definitivamente el mar resquebradizo de mi cerebro y que ya no se muestra frente a mí otro horizonte que no sea el de la soledad y el desasosiego, ahora que es día martes y que el aire sabe a salobre desconcierto y a porvenir roto en el pozo fatal de los deseos, bajo la suerte implacable, ante el azar sin nombre, escribo estas palabras sobre el espejo de un agua insondable con la incierta ilusión de que alguien las lea y venga entonces a liberarme de esta pesadilla que nunca acaba, (¿Cuándo comenzó? ¿Quién vendrá a sanarme también de la ansiedad, de la lo cura, de esta miseria que cubre la mirada … ? No grito «de inmediato», pero sí «de seguro»). En este instante ni siquiera me queda el consuelo de los números pares: sé que hoy es día 23 (o 25). Pero… ¿y mañana? Es posible que mañana sea un día que nunca llegue a puerto alguno pues mañana es sólo un borbotón de espuma, el sueño de un espejismo anclado en el fondo…. de la nada.

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    Ésta es la historia de un hombre insignificante, periodista por afición, escrita por él mismo. Lo que relata puede parecer absurdo, ficción pura en un cierto desorden e incoherencia, traída de un mundo surreal. Lo inquietante


    El recital de Pedro Gonzaga Por: Carlos Pinto Grote 15,87

    Ésta es la historia de un hombre insignificante, periodista por afición, escrita por él mismo. Lo que relata puede parecer absurdo, ficción pura en un cierto desorden e incoherencia, traída de un mundo surreal. Lo inquietante es que todo lo que ocurre es cierto y Pedro Gonzaga es el habitante de un destino real, al que le suceden las desventuras más asombrosas.

    Novela reflexiva, escrita con cierta ironía, en un estilo muy personal, puede ser difícil abandonar su lectura, si se comienza a hacerlo.

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    Es la historia de un personaje que, por azar, encuentra un viejo diario de su padre y, a través de su lectura, reconstruye su propio pasado y éste le sirve de cabo para descubrir también


    La ciudad de los sueños Por: Manuel J. Ramos Ortega 9,86

    Es la historia de un personaje que, por azar, encuentra un viejo diario de su padre y, a través de su lectura, reconstruye su propio pasado y éste le sirve de cabo para descubrir también una insospechada y apasionada historia de amor que lo implica y acaba envolviendo en sus redes. El escenario de esta historia es una antigua y decadente ciudad vinculada históricamente al mar con un espléndido pasado, pero que, debido al abandono de sus propios habitantes, vive un deterioro físico similar a la enfermedad de la protagonista de esta historia. El argumento sirve de eje para desarrollar una reflexión sobre la intensidad de las relaciones humanas, la memoria que dejan los seres más queridos y el amor, que es capaz de traspasar los límites de la edad y el tiempo destructor.

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    Ésta no es una novela policíaca, aunque haya víctima, victimario y policía. Importa menos el enigma que los cambios que llevan al chato Luis Corazón a ser Otro; importa menos saber de quién son esas voces que


    Egrégor de Torremolinos Por: Mauro Zorrilla 11,30

    Ésta no es una novela policíaca, aunque haya víctima, victimario y policía. Importa menos el enigma que los cambios que llevan al chato Luis Corazón a ser Otro; importa menos saber de quién son esas voces que discuten, suplican y aconsejan que conocer a quien las oye. Aunque la historia del egrégor del que todos forman parte tenga un principio y un final, la narración de esa historia no los tiene, pues los cambios no tienen principio ni fin y todo fluye. En el escenario de un Torremolinos muy lejano al tópico turístico, muerte y vida se engarzan en una trama de senderos que se bifurcan y se enlazan una y otra vez, volviendo siempre al mismo sitio.

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    Fin de siglo y cunde el miedo reitera esa idea, como Sísifo reanudaba su absurda tarea destinada a un seguro fracaso. El personaje lírico de Vallejo vuelve una y otra vez a las andadas,


    Fin de siglo y cunde el miedo Por: Alfonso Vallejo 6,97

    Fin de siglo y cunde el miedo reitera esa idea, como Sísifo reanudaba su absurda tarea destinada a un seguro fracaso. El personaje lírico de Vallejo vuelve una y otra vez a las andadas, convencido de que «Sólo queda lo cierto». De esa necesidad de anclarse en lo seguro surge la desesperada búsqueda del libro: «Y tú quieres saber algo cierto, algo que se detenga en sí de puro meridiano y luminoso. Algo definitivo y entero». El coloquialismo expresivo, tan frecuente en Fin de siglo y cunde el miedo, contrasta con la reiteración de vocablos científicos que refuerzan el extrañamiento del lector con respecto a la realidad. Estas palabras habitualmente lejanas para el hombre de letras transmiten una visión biológica del ser humano de alguna manera contradictoria con el propósito de individualizarlo en el bosque colectivo: «Todo mi ser depende de una bioquímica disposición.»

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    REME: El oxígeno… ¡Me ahogo! ¡Me muero…!

    (La escena empieza a encogerse, paulatinamente, como un animal depredador elástico, como un pulpo que


    Jindama Por: Alfonso Vallejo 9,23

    REME: El oxígeno… ¡Me ahogo! ¡Me muero…!

    (La escena empieza a encogerse, paulatinamente, como un animal depredador elástico, como un pulpo que los fuera a engullir. La puerta se sigue cerrando. Se agarran a las hojas y van descendiendo Juanaco y Tora. Troncho se agarra a un ángulo y empieza a salir del agujero que lo estaba tragando. Caras de dolor. Empieza a salir humo del decorado. Cambio de luces. Luz de la luna por el ventanuco, con paso de nubes. Pero llega un momento que la puerta es vencida por el esfuerzo de los actores. La abren de par en par. Penetra la luz que viene de la hoguera del exterior. Vuelven las sombras a la pared. Se mueven. El decorado vuelve lentamente a su forma natural. Se miran exhaustos, sudorosos, llenos de humo y polvo.)

    JUANACO: Fuera charcos…

    TORA: Quiero mar y estrellas.

    TRONCHO: Aire, espacio y cielo…

    REME: Vivir en libertad.

    (Oscuro).

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    «Porque la opresión cabalga enloquecida y amenaza la supervivencia de mi pueblo, te espero el veinte de octubre,


    Cita en Estambul Por: Joaquín Pérez Prados 10,10

    «Porque la opresión cabalga enloquecida y amenaza la supervivencia de mi pueblo, te espero el veinte de octubre, a las doce horas, bajo la gran cúpula de la Mezquita Azul de Estambul.» Eso era todo. Tras la primera lectura no entendí nada. ¿Quién podía convocarme a una cita tan absurda? Y pensé en una broma.

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    Para entrar juntos en la leyenda y ser uno de los mitos de la nueva humanidad que está por llegar. Acabamos de inaugurar un siglo, un milenio y una nueva era,


    Rayito Por: Juana Llavero Rodríguez 6,97

    Para entrar juntos en la leyenda y ser uno de los mitos de la nueva humanidad que está por llegar. Acabamos de inaugurar un siglo, un milenio y una nueva era, pero, al igual que siempre, los hombres siguen necesitando mitos, leyendas y cuentos en los que apoyarse para mitigar su angustia y con los que encontrar nuevos caminos que les conduzcan a aceptar su pequeñez, su insignificancia. Mientras los seres humanos no entiendan y acepten que son una minúscula partícula de un todo grandioso, no llegarán a encontrar la felicidad. A nosotros se nos ha encomendado la tarea de ser una pequeña luz en la oscuridad de los hombres.

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    Le obsesionaba el tiempo, su transcurrir, su forma, su sustancia, su magia, su poder y su imperio, su misterio, su aura. Le obsesionaba el hecho incontestable de la muerte, pero más que ella misma, le obsesionaba el


    El burlador del tiempo Por: Francisco Cañabate Reche 9,23

    Le obsesionaba el tiempo, su transcurrir, su forma, su sustancia, su magia, su poder y su imperio, su misterio, su aura. Le obsesionaba el hecho incontestable de la muerte, pero más que ella misma, le obsesionaba el hecho irreparable y cierto de que la vida fluye irremediablemente hasta encontrarla.

    Desde los veintiún años, cuando se quedó solo, cuando se despertó sudoroso una noche y empezó a recordar y a saber que sabía, dedicó sus recursos al estudio del tiempo, a intentar dominarlo, a intentar recobrar su secreto, ése que él había poseído una vez en su infancia. Fracasó sin remedio, y arruinó su fortuna y malvendió sus casas y sus tierras y enseres corriendo tras un sueño, recogiendo las piezas de un puzzle inacabable. No fue un hombre feliz, no poseyó el secreto, aunque llegó a tocarlo con sus dedos.

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    Difícil tarea es la de dar una definición del ya amplio y riquísimo mundo dramático de José Martín Recuerda. Pero, sin duda, estaremos dentro de su verdad dramática


    La cicatriz / El carmen en Atlántida Por: José Martín Recuerda 9,23

    Difícil tarea es la de dar una definición del ya amplio y riquísimo mundo dramático de José Martín Recuerda. Pero, sin duda, estaremos dentro de su verdad dramática —con todo el subjetivismo y limitación que la brevedad comporta— si decimos que las grandes columnas en las que descansa su “edificio dramático” son: existencialismo, absurdo y crueldad, con raíces en nuestra tradición teatral y literaria popular, desde los pasos de Lope de Rueda al esperpento de Valle Inclán, pasando por los entremeses de Cervantes, nuestro Género Chico —¡tan grande!— y la asimilación de una idiosincrasia acosante —con símil en nuestra secular afición a la tauromaquia— reflejada en una técnica que, gráficamente, podríamos denominar “circular”, o en espiral, en oleadas que van rodeando al personaje, o personajes hasta llegar al “grito” final. José Martín Recuerda ha creado lo que, en definición de él mismo, podemos llamar como dramaturgia iberista.

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    Para Federico —como para Rafael— los recuerdos de las tizas frías y de las esponjas rayando y borrando la luz de los espacios, el repentino verde de las muertas pizarras, el suicidio de los triángulos isósceles,


    García Lorca, bachiller Por: Jacinto S. Martín 11,54

    Para Federico —como para Rafael— los recuerdos de las tizas frías y de las esponjas rayando y borrando la luz de los espacios, el repentino verde de las muertas pizarras, el suicidio de los triángulos isósceles, la melancolía de los logaritmos neperianos o la pena profunda de la ecuación de segundo grado, carecían de sentido, porque los ángeles colegiales —como Federico, como Rafael— sólo saben que una recta, si quiere, puede ser curva o quebrada y que las estrellas errantes son niños que ignoran la aritmética.

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