Crisálida (219)
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    Miré al firmamento. La noche estaba tan cargada de estrellas que parecieran ir a desvanecerse en lluvia; fijé la vista en una porción de él, y cuando estaba a punto de bajar la cabeza


    Relatos para leer en vida Por: Andrés Rubia Pedreño 11,54

    Miré al firmamento. La noche estaba tan cargada de estrellas que parecieran ir a desvanecerse en lluvia; fijé la vista en una porción de él, y cuando estaba a punto de bajar la cabeza para ver de nuevo mis pies sobre los adoquines del puerto, distinguí cómo dos luceros desaparecían de repente de la inmensidad del universo, súbitos, prestidigitados, como si un agujero negro los hubiese engullido en un suspiro. Entonces aprendí todo lo que la filosofía no puede contestar, todo lo que la ciencia no puede explicar ni enseñar. Supe con exaltación y sin duda alguna quiénes eran las dos sombras del cine: aquellas dos ánimas habían bajado a ver «Te encontraré toda la vida» y entendí el esclarecimiento del hecho que me dieron las estrellas… «Se regresa siempre».

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    Cuando en 1981, con la osadía de los veintiséis años, comencé a traducir Las flores del mal, no era del todo consciente del desafío a que me estaba sometiendo.


    Las flores del mal Por: Charles Baudelaire/Ignacio Caparrós 23,13

    Cuando en 1981, con la osadía de los veintiséis años, comencé a traducir Las flores del mal, no era del todo consciente del desafío a que me estaba sometiendo. Había leído el texto en francés con la veneración y el arrobo del joven que encuentra en esos versos la llama punzante del poeta rebelde ante el mundo y su propio acomodo, que advertía en la inmundicia urbana la grandeza de un misterio, que hacía de su crápula el insólito ejercicio de transformarla en palabra imperecedera, y que la construía en el sólido edificio de una obra concebida arquitectónicamente, más allá del sentimentalismo romántico, instaurando así meros cimientos de la modernidad poética.

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    El más pequeño, serio, se removía en su manta y se estaba durmiendo, y yo empecé a pensar que no sería esta vez, que debía regresar, que volvía de vacío,


    La sonrisa secreta de la luna Por: Francisco Cañabate Reche 15,87

    El más pequeño, serio, se removía en su manta y se estaba durmiendo, y yo empecé a pensar que no sería esta vez, que debía regresar, que volvía de vacío, y aunque me resistía –quedaba la ilusión, que sería defraudada–, parecía inevitable. La mayor, silenciosa, leyendo en mi mirada, tiraba de mi manga mostrándome los ojos de su hermano, cerrados. Entonces sucedió. Estalló el firmamento y una lluvia de luces estridentes, de fuegos de artificio, lo surcó de repente, y se despertó el niño y abrió sus grandes ojos y la niña encantada exclamó su sorpresa y demostró su gozo, que también era el mío. Bajamos animados, risueños y locuaces, parlanchines y alegres, contando maravillas a la madre dormida, algunas inventadas y casi todas ciertas, como siempre sucede. Unas horas después se produjo el milagro que anunciaban los astros y todos comprendimos: nació un ser diminuto, frágil y misterioso –la esencia del misterio– y llevaba en sus ojos ese reflejo mágico de la lluvia de estrellas.

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    Tras una larga y brillante carrera en la que Villar Raso ha tratado los hitos más importantes del último cuarto de siglo, desde España al África profunda,


    Encuentros en Marbella Por: Manuel Villar Raso 15,87

    Tras una larga y brillante carrera en la que Villar Raso ha tratado los hitos más importantes del último cuarto de siglo, desde España al África profunda, con Encuentros en Marbella hilvana una compleja trama sobre el mundo de las altas finanzas, clubes de golf, restaurantes de moda y las exclusivas fiestas de la Costa del Sol. La protagonista es una sencilla muchacha que a través de deslumbrantes matrimonios, asciende de la miseria al esplendor del gran capital, que ha asentado sus reales mansiones en los alrededores de Marbella. Convertida en estrella, la fortuna de Ana sube y baja de forma meteórica al tiempo que profundiza en la realidad y nos ofrece el hechizo de conocer lo que no se puede conocer. Novela brillante, amena e inteligente, sabia mezcla de personajes, reales y ficticios, que ilumina la locura moderna que es el mundo de los muy ricos en la Costa del Sol.

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    Del amor y otras mitologías recoge poemas escritos entre 1977 y 2000. Tal como se advierte en la «Nota a la edición», el libro se estructura en cuatro partes


    Del amor y otras mitologías Por: Antonio Garrido Moraga 8,65

    Del amor y otras mitologías recoge poemas escritos entre 1977 y 2000. Tal como se advierte en la «Nota a la edición», el libro se estructura en cuatro partes que responden a la ordenación cronológica de algunos cuadernos ya publicados y de otros poemas inéditos o aparecidos en revistas. Vida y culturalismo son los ejes fundamentales en los que se inscribe la poesía de Antonio Garrido Moraga cuya evolución, en lo formal expresivo, va desde la tradición de la lírica clásica a la manera renacentista y barroca a la dicción directa, y a veces coloquial, de los últimos textos.

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    Campo de retama desvela, de forma novelada, una parte de la historia: las últimas horas del general Torrijos y sus 52 compañeros en una alquería de la sierra de Cártama,


    Campo de retama Por: Enrique del Pino 11,54

    Campo de retama desvela, de forma novelada, una parte de la historia: las últimas horas del general Torrijos y sus 52 compañeros en una alquería de la sierra de Cártama, próxima a Málaga. En el marco rigurosamente histórico —de lugar y tiempo— donde ocurrieron los acontecimientos, Enrique del Pino ha imaginado y reconstruido las dramáticas vivencias de aquellos patriotas ante la inminencia de la muerte, dibujando unos personajes vigorosos y nítidos, en el lenguaje cuasi poético que suele asistir al ser humano cuando sabe que sus horas están contadas. Como corresponde al perfil romántico de aquella época, la ficción creadora se insinúa deliberadamente, por decisión del autor, en la cruda, fría e irrepetible lápida de la historia.

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    «beirut – 18 –de nuestra enviada especial alicia torrente– muerte, ruinas y desolación, cadáveres despedazados con signos de tortura,


    Nunca superó lo de Beirut Por: Fernando Guijarro Arcas 9,86

    «beirut – 18 –de nuestra enviada especial alicia torrente– muerte, ruinas y desolación, cadáveres despedazados con signos de tortura, es lo que periodistas de todo el mundo han encontrado en los campos de refugiados palestinos de chatila y sabrá, donde cientos de cuerpos de mujeres, niños y ancianos yacen aun entre charcos resecos de su propia sangre. la invasión israelí de territorio libanés y el prolongado asedio a Beirut toman así ante los ojos del mundo una dimensión de genocidio, de crimen consumado ahora frente a población civil desarmada, indefensa, aunque los autores materiales hayan sido otros.»

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    Me detuve frente a él y, al pronto, fingió no darse cuenta de mi presencia. Al menos, eso creí yo. Simulaba estar muy pensativo, y, en efecto,


    Nuestras vidas Por: Ángel Quiroga 11,54

    Me detuve frente a él y, al pronto, fingió no darse cuenta de mi presencia. Al menos, eso creí yo. Simulaba estar muy pensativo, y, en efecto, tenía la mirada como perdida en lejanos pensamientos. Pero me pregunté si aquél no sería uno de sus trucos para impresionar a los clientes.

    Al fin advirtió mi presencia, y pareció transformarse de improviso en otro hombre. Nico hubiera sido, sin duda, un gran actor. Sus ojos de águila me midieron de arriba abajo, y después sonrió. La sonrisa era el arma secreta de Nico. Sonrió ampliamente, dejando al descubierto su dentadura postiza.

    Saqué una moneda y se la ofrecí. La miró primero, casi con repugnancia, y después, sin apresurarse, la cogió. Mejor dicho, se dignó aceptarla. Porque no parecía sino que me hacía un gran favor con rebajarse a aceptar mi limosna.

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    “Por encima de mi cabeza oscilaba la luna menguante, con su sonrisa estúpida apenas esbozada, como el péndulo plateado de un reloj sin tiempo. Me acordé de Papaztac,


    Muerte en Tiahuanaco Por: Ángel Quiroga 10,67

    “Por encima de mi cabeza oscilaba la luna menguante, con su sonrisa estúpida apenas esbozada, como el péndulo plateado de un reloj sin tiempo. Me acordé de Papaztac, el dios de las espumas, que le despedazó la cara a la luna con un conejo y se lo dejó impreso en ella. Y me planteé la necia interrogante de si tendría alguna relación con este hecho la divertida frase en que se hace referencia a cierta sonrisa de conejo que se adivina en el rostro inexpresivo de la Luna.”

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    “Hoy, al cabo de varios meses, cuando he bajado a recoger la correspondencia, entre los recibos de agua, electricidad y teléfono y una montaña de publicidad,


    Mis paseos con “Chica” Por: Francisco Gil Craviotto 10,67

    “Hoy, al cabo de varios meses, cuando he bajado a recoger la correspondencia, entre los recibos de agua, electricidad y teléfono y una montaña de publicidad, cada día más molesta y agresiva, he encontrado en el buzón una carta de Ariadna. Al abrir el sobre lo primero que ha aparecido es una foto de “Chica”.

    Está exactamente igual –en el mismo lugar y posición– que yo me la dejé: detrás de la verja, con las orejas enhiestas y el hocico anhelante, oteando ambos lados de la calle. ¿Será que monta guardia o que, a pesar del tiempo transcurrido, todavía sigue esperando el milagro de ver aparecer por el fondo de la calle a sus antiguos amos?”

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    Ahora que el sol de la ausencia ha incendiado definitivamente el mar resquebradizo de mi cerebro y que ya no se muestra frente a mí otro horizonte que no sea el de la soledad y el desasosiego,


    Aguas salobres Por: Miguel Ávila Cabezas 7,50

    Ahora que el sol de la ausencia ha incendiado definitivamente el mar resquebradizo de mi cerebro y que ya no se muestra frente a mí otro horizonte que no sea el de la soledad y el desasosiego, ahora que es día martes y que el aire sabe a salobre desconcierto y a porvenir roto en el pozo fatal de los deseos, bajo la suerte implacable, ante el azar sin nombre, escribo estas palabras sobre el espejo de un agua insondable con la incierta ilusión de que alguien las lea y venga entonces a liberarme de esta pesadilla que nunca acaba, (¿Cuándo comenzó? ¿Quién vendrá a sanarme también de la ansiedad, de la lo cura, de esta miseria que cubre la mirada … ? No grito «de inmediato», pero sí «de seguro»). En este instante ni siquiera me queda el consuelo de los números pares: sé que hoy es día 23 (o 25). Pero… ¿y mañana? Es posible que mañana sea un día que nunca llegue a puerto alguno pues mañana es sólo un borbotón de espuma, el sueño de un espejismo anclado en el fondo…. de la nada.

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    Ésta es la historia de un hombre insignificante, periodista por afición, escrita por él mismo. Lo que relata puede parecer absurdo, ficción pura en un cierto desorden e incoherencia, traída de un mundo surreal. Lo inquietante


    El recital de Pedro Gonzaga Por: Carlos Pinto Grote 15,87

    Ésta es la historia de un hombre insignificante, periodista por afición, escrita por él mismo. Lo que relata puede parecer absurdo, ficción pura en un cierto desorden e incoherencia, traída de un mundo surreal. Lo inquietante es que todo lo que ocurre es cierto y Pedro Gonzaga es el habitante de un destino real, al que le suceden las desventuras más asombrosas.

    Novela reflexiva, escrita con cierta ironía, en un estilo muy personal, puede ser difícil abandonar su lectura, si se comienza a hacerlo.

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    Es la historia de un personaje que, por azar, encuentra un viejo diario de su padre y, a través de su lectura, reconstruye su propio pasado y éste le sirve de cabo para descubrir también


    La ciudad de los sueños Por: Manuel J. Ramos Ortega 9,86

    Es la historia de un personaje que, por azar, encuentra un viejo diario de su padre y, a través de su lectura, reconstruye su propio pasado y éste le sirve de cabo para descubrir también una insospechada y apasionada historia de amor que lo implica y acaba envolviendo en sus redes. El escenario de esta historia es una antigua y decadente ciudad vinculada históricamente al mar con un espléndido pasado, pero que, debido al abandono de sus propios habitantes, vive un deterioro físico similar a la enfermedad de la protagonista de esta historia. El argumento sirve de eje para desarrollar una reflexión sobre la intensidad de las relaciones humanas, la memoria que dejan los seres más queridos y el amor, que es capaz de traspasar los límites de la edad y el tiempo destructor.

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    Ésta no es una novela policíaca, aunque haya víctima, victimario y policía. Importa menos el enigma que los cambios que llevan al chato Luis Corazón a ser Otro; importa menos saber de quién son esas voces que


    Egrégor de Torremolinos Por: Mauro Zorrilla 11,30

    Ésta no es una novela policíaca, aunque haya víctima, victimario y policía. Importa menos el enigma que los cambios que llevan al chato Luis Corazón a ser Otro; importa menos saber de quién son esas voces que discuten, suplican y aconsejan que conocer a quien las oye. Aunque la historia del egrégor del que todos forman parte tenga un principio y un final, la narración de esa historia no los tiene, pues los cambios no tienen principio ni fin y todo fluye. En el escenario de un Torremolinos muy lejano al tópico turístico, muerte y vida se engarzan en una trama de senderos que se bifurcan y se enlazan una y otra vez, volviendo siempre al mismo sitio.

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    Fin de siglo y cunde el miedo reitera esa idea, como Sísifo reanudaba su absurda tarea destinada a un seguro fracaso. El personaje lírico de Vallejo vuelve una y otra vez a las andadas,


    Fin de siglo y cunde el miedo Por: Alfonso Vallejo 6,97

    Fin de siglo y cunde el miedo reitera esa idea, como Sísifo reanudaba su absurda tarea destinada a un seguro fracaso. El personaje lírico de Vallejo vuelve una y otra vez a las andadas, convencido de que «Sólo queda lo cierto». De esa necesidad de anclarse en lo seguro surge la desesperada búsqueda del libro: «Y tú quieres saber algo cierto, algo que se detenga en sí de puro meridiano y luminoso. Algo definitivo y entero». El coloquialismo expresivo, tan frecuente en Fin de siglo y cunde el miedo, contrasta con la reiteración de vocablos científicos que refuerzan el extrañamiento del lector con respecto a la realidad. Estas palabras habitualmente lejanas para el hombre de letras transmiten una visión biológica del ser humano de alguna manera contradictoria con el propósito de individualizarlo en el bosque colectivo: «Todo mi ser depende de una bioquímica disposición.»

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